Inicio › Brigadas › Honduras › Diario

Diario de la brigada · Honduras 2025

Crónica día a día de la brigada quirúrgica de noviembre de 2025 en el Rancho Santa Fe (Honduras).

En noviembre de 2025, el equipo de Podología Sin Fronteras volvió a Honduras para operar en la clínica del Rancho Santa Fe de Nuestros Pequeños Hermanos. Durante la expedición, el equipo escribió este diario de bitácora; aquí reunimos todas las entradas en orden cronológico, desde la llegada hasta el regreso a casa. Lee también el anuncio de la brigada.

Índice del diario

  1. Día 1 ¡Ya estamos en Honduras! Domingo, 23 de noviembre de 2025
  2. Día 2 Primer día de quirófano Lunes, 24 de noviembre de 2025
  3. Día 3 2005: cuando todo empezó “sin querer” Martes, 25 de noviembre de 2025
  4. Día 4 Un amanecer silencioso Miércoles, 26 de noviembre de 2025
  5. Día 5 One World Surgery y El Centro de Conferencias «Moscati» Jueves, 27 de noviembre de 2025
  6. Día 6 Último día de quirófano y fiesta de despedida Viernes, 28 de noviembre de 2025
  7. Días 7 y 8 El regreso a casa Sábado 29 y domingo 30 de noviembre de 2025

Día 1 · Domingo, 23 de noviembre de 2025

¡Ya estamos en Honduras!

El grueso del equipo llegamos ayer sábado a Honduras. Algunos adelantados ya se encontraban desde el pasado miércoles revisando casos y preparando el programa quirúrgico de toda la semana. Hoy llega Tino, nuestro anestesista, para completar el grupo.

Ha amanecido el día nublado pero ya estamos con sol y nubes y una estupenda temperatura de 24º C. Comenzamos la toma de contacto preparando las donaciones que particulares y casas comerciales han donado generosamente.

Equipo de PSF con el material sanitario llevado desde España para la brigada

Más tarde nos trasladamos hasta el Centro Quirúrgico Sagrada Familia (algunos evitaron la caminata y fueron de ¨paquetes¨) donde el personal de OWS (One Word Surgery) nos recibió con la cordialidad habitual y nos recordó las consignas de funcionamiento, ya conocidas por los veteranos, pero importantes para los nuevos integrantes de la Brigada-2025.

Traslado del equipo y el material en una camioneta en Honduras
Reunión de organización de la brigada en una sala de Honduras

Posteriormente nos juntamos a repasar y discutir los casos clínicos programados para toda la semana.

El resto del día lo dedicaremos a realizar un paseo por el Racho Santa Fe (Nuestros Pequeños Hermanos) y para los más deportistas caminata hasta «La Roca» por las montañas de la zona.

En definitiva: un día para recuperarnos del largo viaje, aclimatarnos y cargar las baterías para comenzar con ilusión el trabajo a partir de mañana lunes.

Os seguiremos informando…

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Día 2 · Lunes, 24 de noviembre de 2025

Primer día de quirófano

Primer día de quirófano: amanecer temprano, bisturí afilado y corazones llenos.


Hoy el despertador ha sonado a las cinco de la mañana, pero la sensación no era de sueño, sino de responsabilidad. Apenas había amanecido y empezaba el primer día quirúrgico de la brigada en el centro quirúrgico del Rancho Santa Fe, y con él, la verdadera razón de este viaje.


Después de llegar el sábado desde España y dedicar el domingo a aterrizar física y emocionalmente, hoy tocaba lo que veníamos esperando desde hacía meses: comenzar a operar.

A las seis de la mañana ya estábamos en el centro quirúrgico. El equipo de podólogos nos hemos distribuido en varios grupos: tres compañeros en un quirófano, otros tres en un segundo, dos más en un tercero, y el resto pasando consulta en la clínica.

Voluntarios de PSF preparando el material en el pasillo del quirófano

La organización está pensada para que todos rotemos por todos los puestos: algunos días clínica, otros días quirófano, pero siempre con la sensación de estar aportando algo necesario en cada eslabón de la cadena.

Equipo de PSF durante el primer día de quirófano de la brigada en Honduras

Hoy nos hemos reencontrado con el equipo de One World Surgery del Centro Quirúrgico Sagrada Familia. La mayoría son ya caras conocidas de otros años: personas con las que hemos compartido muchos pacientes, muchas horas de quirófano y también muchas conversaciones en los pasillos. Volver a ver al doctor Merlin Omar Antúnez, director de la clínica, es casi como reencontrarse con un viejo amigo. Lo mismo sucede con personas tan queridas como Juan Carlos (J.C.), Miriam, Melissa, y tantos otros que forman parte de esta pequeña gran familia.

La mayoría de brigadas que llegan a Honduras vienen desde Estados Unidos, así que el equipo local está acostumbrado a trabajar en inglés. Con nosotros se mezclan el español de Honduras y el español de España, creando a veces situaciones divertidas por las expresiones, los giros y las palabras que no significan exactamente lo mismo a un lado y otro del océano. Aun así, impresiona pensar que, después de tantos siglos y más de seis mil kilómetros de distancia, seguimos compartiendo el mismo idioma y, sobre todo, la misma forma de cuidar a los pacientes.


Los verdaderos protagonistas, un día más, son ellos: los pacientes. Personas realmente pobres, sin recursos económicos, que no pagan absolutamente nada por sus cirugías. Gente sencilla, humilde, bondadosa, con una capacidad de agradecimiento que conmueve. Un “gracias, doctor”, un apretón de manos, una mirada de alivio al saber que su dolor puede mejorar… Son gestos pequeños que aquí se sienten enormes.

También es justo destacar el trabajo de las auxiliares que han venido con nosotros desde España, que hoy han estado ayudando en la clínica. Son profesionales muy competentes, siempre dispuestas a echar una mano donde haga falta, adaptándose al entorno y al ritmo del centro como si llevaran toda la vida trabajando aquí.

Miembros del equipo con pijama quirúrgico vistos desde abajo formando un círculo

Cuando hemos salido del centro quirúrgico, ya entrada la mañana, nos hemos hecho una foto en la entrada de la Residencia Moscati, nuestro “hogar” estos días. Está a unos quince minutos andando del centro quirúrgico, dentro del propio Rancho Santa Fe. Ese pequeño paseo, entre árboles, caminos de tierra y silencio, se está convirtiendo en un momento de transición: del ruido del quirófano a la calma de la residencia, de la concentración máxima al espacio de comentar el día y tomar conciencia de lo vivido.

Equipo de PSF a su llegada a Honduras


Antes de que anocheciera, todavía nos ha dado tiempo a dar un paseo por los alrededores del Rancho Santa Fe, estirando las piernas después de tantas horas de quirófano. Caminar entre los caminos de tierra, la vegetación y el silencio del rancho nos ha servido para descargar la tensión acumulada, cambiar el ruido de los monitores, aspiradores, y el instrumental por el sonido de la naturaleza y, de alguna manera, ir cerrando el día también por dentro.


Hoy finalizamos el primer día de quirófano con con una sensación profunda de agradecimiento por poder ejercer nuestra profesión en un entorno donde lo que para nosotros es “rutina clínica” aquí marca, a veces, un antes y un después en la vida de una persona.

Agradecimiento por el equipo local que nos abre las puertas de su casa y nos hace sentir parte de ella.

Y agradecimiento, también, por la oportunidad que la vida nos da de estar aquí, en Honduras, poniendo manos, conocimientos y corazón al servicio de quienes más lo necesitan.

Ahora a cenar, a charlar un rato y compartir las anécdotas del día, a revisar los casos clínicos de mañana y a descansar.

Os seguiremos informando.

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Día 3 · Martes, 25 de noviembre de 2025

2005: cuando todo empezó “sin querer”

Segundo día de quirófano. Hoy, más que un diario de lo que hemos hecho, este cuaderno de bitácora quiere responder a una pregunta muy sencilla: ¿Cómo hemos acabado aquí, en Honduras, operando pies, veinte años después de que todo empezara casi por casualidad?


Un poco de historia.

La historia de Podología Sin Fronteras empieza en 2005, con nuestro actual vicepresidente, Eladio Martínez Garzón.

En aquel entonces vino al Rancho Santa Fe junto con Alvaro Sanabria, Ainhoa López y Cristina dentro de un programa de formación que un profesor de universitario había organizado para recién graduados interesados en la cirugía del pie, acompañados de una exvoluntaria en NPH Honduras, que también era podóloga, Cristina Fiol.

La realidad es que, cuando llegaron aquí y vieron cómo se desarrollaba ese programa, elegantemente no estaban de acuerdo con la forma de proceder. No era lo que les habían prometido, ni en enfoque ni en contenido. Pero en lugar de marcharse en el primer avión, decidieron hacer justo lo contrario: se quedaron.

Terminó el tiempo del programa formativo y Eladio permaneció junto a sus compañeros en el Rancho como voluntario, hasta que pudieron tomar el vuelo de regreso que ya tenían reservado. Ese tiempo extra cambió muchas cosas: les permitió conocer mejor a las personas del Rancho, entender las necesidades reales de la gente de la zona y empezar a imaginar algo distinto, más honesto y más útil.

De esas relaciones, y de esa pequeña “rebeldía tranquila”, nace la semilla de lo que hoy somos.


Dos voluntarios de PSF en el patio del centro de Honduras

2007: cuatro podólogos, un remolque y una idea muy clara

Después de esa primera experiencia, Eladio y Álvaro, decidieron no quedarse solos. Reunieron a otros dos podólogos: el recordado Julio López Morales (D.E.P.) yJavier Pascual (actual vocal de la junta directiva de PSF).

Primer equipo de Podología Sin Fronteras frente al centro de salud en Honduras, 2005

Los cuatro viajaron juntos y, en 2007, 2008 y 2010 acudieron a operar a Honduras, antes de que existiera formalmente Podología Sin Fronteras.

En aquel entonces no había centro quirúrgico como el que usamos hoy.

Como anécdota, tenemos una foto que resume muy bien esos inicios:

se ve un remolque de camión que hacía las veces de quirófano improvisado.

Primera sede de la clínica en la que comenzó a trabajar Podología Sin Fronteras en Honduras

Desde el Rancho Santa Fe se desplazaban al Hospital San Felipe, en Tegucigalpa, y la logística era todo menos sencilla. En esos años ni siquiera existía la carretera actual que conecta Tegucigalpa con el Rancho Santa Fe. Para llegar hasta aquí se utilizaba la carretera de Olancho y el trayecto era largo, incómodo y exigente. Había que esforzarse de verdad para poder operar a cada paciente.

Los años siguientes siguieron viniendo con bastante frecuencia. Algún año no podían, pero cuando venían, se quedaban varias semanas, incluso casi un mes, no solo una semana como ahora. Eran estancias largas, de mucho trabajo, mucha improvisación y muchísima entrega.


El nacimiento del centro quirúrgico «Sagrada Familia»

Con el tiempo, y gracias al empeño del NPH (Nuestros Pequeños Hermanos) se fue gestando la idea de construir un centro quirúrgico estable en el Rancho Santa Fe.

Podología Sin Fronteras, ya como organización, estuvo presente desde el principio: tenemos todavía vídeos donde se ve a nuestros compañeros colocando las mesas, organizando el equipamiento del quirófano, y limpiando los azulejos de las paredes durante el fin de semana, para poder empezar a operar la semana siguiente.

No vinieron a “encontrarse” un quirófano: ayudaron literalmente a inaugurarlo.

Hoy, ese centro quirúrgico que ellos inauguraron se ha hecho más grande, mejor equipado y mejor organizado. Todo ha crecido y ahora es una gran organización sin ánimo de lucro OWS (One Word Surgery) la que gestiona de manera muy eficiente y comprometida el centro quirúrgico.

Logotipo de One World Surgery

Por aquí pasan decenas de brigadas cada año, de distintas especialidades, que realizan un trabajo enorme para la población local y para zonas más alejadas.

Nosotros somos, en cierto modo, los herederos de esa primera foto en el remolque.


De Honduras a Guatemala: mirar hacia adelante sin olvidar de dónde venimos

El objetivo de la bitácora de hoy es precisamente evocar estos inicios: recordar que lo que hoy vemos como algo “establecido” empezó con un voluntario que no estaba de acuerdo con lo que veía, cuatro podólogos en un remolque y muchas horas de viaje por una carretera que apenas existía. Dos décadas después, el compromiso ya no se limita solo a Honduras.

Si todo va según lo previsto, en 2026 daremos un paso más y realizaremos por primera vez una brigada en Guatemala, llevando este modelo de trabajo a otros lugares que también lo necesitan.

Crecer no significa olvidar el origen, sino honrarlo.


El día de hoy: cirugías, consultas en la clínica, algunos casos de pies planos complejos en niños… y piernas cansadas

Y, dicho esto, volvemos a nuestro presente.

Equipo de PSF operando bajo las lámparas del quirófano

Hoy ha sido el segundo día quirúrgico de esta brigada, el ambiente en el grupo es inmejorable, todo el mundo está a ayudar al compañero y eso lo hace todo más fácil.

Quirófano preparado con el equipo de PSF trabajando

Se mezclan la seriedad del trabajo quirúrgico con las risas en los pasillos, las anécdotas en el comedor y esa sensación de estar compartiendo algo especial con gente que, hace unos días, no formaba parte de nuestra rutina diaria.

Pies de un paciente preparados antes de la intervención

Al final del día, eso sí, las piernas empiezan a quejarse. Muchas horas de pie, mucha concentración, muchos pasos recorriendo de la clínica al quirófano y del quirófano a la residencia. Esa mezcla de cansancio físico y satisfacción tranquila que solo aparece cuando sientes que el esfuerzo está teniendo sentido.

Almacén de material sanitario del hospital

Mientras escribimos estas líneas en el cuaderno de bitácora, el Rancho Santa Fe está mucho más silencioso que por la mañana.

En algún lugar de este mismo recinto, siguen colgando las fotos del remolque que usaron los primeros, y en algún disco duro estarán guardados aquellos vídeos de nuestros compañeros limpiando azulejos para inaugurar un sueño.

Nosotros hoy volvemos a nuestras habitaciones con las piernas doloridas, pero con la sensación clara de estar poniendo otro pequeño ladrillo sobre esa historia que empezó, casi por casualidad, en 2005.

Os seguiremos informando.

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Día 4 · Miércoles, 26 de noviembre de 2025

Un amanecer silencioso

Rancho Santa Fe, Honduras. Tercer día de quirófano.

Hoy me vais a permitir que la bitácora sea un poco más íntima de lo habitual. Pido disculpas de antemano por hablar en primera persona. Mis vivencias no son mejores que las de nadie, pero sí son una ventana pequeña a lo que sentimos quienes formamos parte de esta brigada de Podología Sin Fronteras en Honduras.

Un amanecer en silencio

Hoy era mi día de clínica. No me tocaba quirófano. Francesc y yo nos encargábamos de los pacientes externos, aquellos que no iban a pasar por las salas de cirugía, pero que también traen sus historias, sus dolores y sus esperanzas.

Eso nos ha permitido empezar el día un poco más despacio, sin la prisa de estar listos a primera hora para el quirófano. He aprovechado la calma para resolver un par de asuntos con la gestoría en España y contestar por whatsapp unas dudas clínicas de mi hijo —también podólogo— sobre algunos pacientes de nuestra consulta. Mientras lo hacía, no podía evitar pensar en lo curioso que es: estar trabajando a más de 6.000 kilómetros de casa y, al mismo tiempo, seguir conectado con la vida de allí, con lo cotidiano, con lo que también forma parte de quien soy.

Después de cerrar el portátil, me he regalado un lujo que no olvidaré: bajar solo, en silencio, desde la Residencia Moscati hasta el centro quirúrgico Sagrada Familia.

Camino entre árboles al amanecer en Honduras
Amanecer en el Rancho Santa Fe

El camino estaba mojado por los chaparrones que habían caído durante la noche y un rato antes. El cielo amenazaba más lluvia, las hojas brillaban húmedas y solo se escuchaba el goteo del agua saltando de árbol en árbol. No llovía en ese momento, pero el ambiente estaba lleno de esa calma que queda después de la tormenta.

Mientras caminaba, me he sentido profundamente afortunado. Afortunado por estar aquí, por poder vivir esta experiencia, por tener una familia que me espera en España y que está sana, por ejercer una profesión que me apasiona y por compartir estos días con mis compañeros de Podología Sin Fronteras. He dado gracias a Dios por todo eso. Ha sido, quizá, el primer gran momento del día.


Paisaje de prado y árboles al amanecer en Honduras
Amanecer en el Rancho Santa Fe

El anestesista que es un chiste andante

He llegado al centro quirúrgico antes de que empezaran las intervenciones. Aún faltaba tiempo para que arrancara la clínica, así que he compartido un café con nuestro anestesista.

Definirle no es fácil: es “inclasificable”. Un valenciano que es un chiste andante, capaz de sacar una sonrisa en cualquier momento, que solo se pone serio para hablar mal del gobierno. Celebra cada cirugía como un pequeño triunfo (!UN EXITO¡), bromea con los paciente y tiene un idioma propio (el Tinés) sin traducción precisa, con frases que se quedan flotando en el aire (BOO, PIUER, PER BAIX, HAY OPSIONES) y que nos acompañan el resto del año, hasta que volvemos a verle.

Miembro del equipo de Podología Sin Fronteras posando con el polo de la asociación
Tino Chisbert (anestesista)

Ese café previo a la vorágine del día ha sido otro regalo: un rato de humor sencillo, de camaradería, de sentirse parte de un equipo que funciona no solo por lo que hace, sino por cómo se lleva.


El lujo de trabajar con ellas

Después ha comenzado la clínica. Y ahí es imposible no detenerme en lo que supone trabajar con nuestras tres auxiliares: Neus, Ana B y Ana C.

Hablar de ellas es hablar de simpatía, amabilidad, diligencia y eficacia en estado puro. Tenerlas en el equipo nos facilita el trabajo de una forma difícil de explicar solo con palabras. Antes de que nosotros pensemos qué vamos a necesitar algo, ellas ya lo han preparado. Cuando miras alrededor buscando una solución, ellas ya la han puesto encima de la mesa.

Voluntarios de PSF con gorros quirúrgicos sonriendo antes de entrar a quirófano
Tino (anestesista) y nuestras 3 auxiliares (Ana, Neus y Ana)

Es un auténtico lujo ver cómo tratan a los pacientes: con respeto, con ternura, con una sonrisa que desarma. Son esas personas que cuidan de todo sin hacer ruido, pero que sostienen medio edificio con su trabajo. Enhorabuena, chicas. Lo vuestro es, de verdad, para quitarse el sombrero.

Miembro del equipo revisando la programación quirúrgica en una tablet
Francesc revisando unas radiografías

El momento más duro: cuando no podemos ayudar

No todo en el día ha sido fácil.

Entre los pacientes de la clínica ha venido una madre con su hija de 18 años. La chica presenta un problema congénito de espasticidad y equino-varo. Es de esos casos que, como profesional, te colocan ante tu propio límite.

Hemos valorado su situación, revisando lo que estaba en nuestra mano hacer aquí, con los medios y el contexto de esta brigada. Y la conclusión, por dura que fuera, ha sido clara: no podemos ayudarla como ella necesita.

NIña, equino-varo congénito, espasticidad

Si hubierais visto la cara de la madre mientras se lo explicaba… Esa mezcla de esperanza que se apaga y, al mismo tiempo, de dignidad contenida. Ese brillo en los ojos cuando se da cuenta de que esta tampoco será la solución definitiva que llevaba tiempo buscando.

Hay momentos en los que uno siente que las palabras se quedan cortas. Que el título de, “podólogo” o “cirujano” pesa más de la cuenta. Porque hay días en los que no venimos a curar, sino a decir la verdad aunque duela, a acompañar en la frustración, a sostener una mirada que se llena de lágrimas y, aun así, no se aparta.

Ese ha sido, sin duda, el momento más duro del día.


Volver al quirófano como espectador

Al terminar la clínica, me he acercado a ver a los compañeros que seguían operando.

He visto a Carlitos —Charly— peleándose con la cabeza de un metatarsiano que se resistía a abandonar su posición anatómica. Después, mientras me lo contaba fuera del quirófano, hablaba con esa vehemencia y esa pasión que solo él tiene, esa juventud envidiable que convierte una osteotomía difícil en una pequeña epopeya personal. Me describía, con su acento gaditano, cómo, por unos instantes, los bordes de una osteotomía de Akin se resistían a coaptar, y cómo, al final, todo encajó. Una batalla ganada.

Intervención quirúrgica de pie vista desde el campo operatorio
Charly luchando con un metatarsiano

También he tenido el privilegio de pasar un rato junto por el quirófano del doctor Pascual. Ver a Javi cómo enseña, es otra de esas experiencias que todos nos traemos de vuelta en la mochila emocional del viaje. Explica con calma, con paciencia, con una tranquilidad contagiosa. Siempre aprendiendo, siempre enseñando. Mientras observaba me ha pedido unas fotos del caso clínico que usará para enseñar la técnica en algún curso o congreso. Es un referente en la profesión. Disfruta de la docencia, y se le nota. Y nuestros «residentes» disfrutan aprendiendo de él, y también se nota.


El paseo de vuelta: hablar de hijos

El día ha terminado como empezó: caminando.

Esta vez no iba solo. He vuelto dando un paseo con Sergio Miralles. Él me contaba cómo disfrutan sus hijos, chico y chica de 15 y 13 años, con el fútbol y con sus aficiones. Yo, por mi parte, también he presumido de los míos. Al final, los hijos son ese hilo invisible que nos une con nuestra vida en España mientras estamos aquí, tan lejos, intentando echar una mano donde podemos.

Hablábamos de cómo van creciendo, los suyos, y de cómo van ocupando su lugar en el mundo, los míos, mas mayores. Y mientras lo hacíamos, caminando de vuelta al Rancho Santa Fe, uno tiene la sensación de que todo encaja: que esta mezcla de vocación, familia, amigos y servicio a los demás es, en el fondo, lo que da sentido a estar aquí.


Hoy no he operado. No he estado en primera línea del bisturí. Pero ha sido un día lleno de silencios que hablan, de pacientes que remueven, de risas compartidas, de admiración por mis compañeros y de orgullo por el equipo que somos.

Si algo me llevo de este miércoles de clínica es la certeza de que la brigada no se construye solo en el quirófano. También se construye en los pasillos, en una madre que se va con lágrimas contenidas, en unas auxiliares que sostienen el día a día, en un anestesista que hace reír a todo el mundo, en un paseo a solas al amanecer y en otro al atardecer hablando de hijos.

Todo eso, junto, es Podología Sin Fronteras hoy, aquí, en Honduras. Y yo, un año más, me siento profundamente afortunado de poder vivirlo.

Os seguiremos informando.

 

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Día 5 · Jueves, 27 de noviembre de 2025

One World Surgery y El Centro de Conferencias «Moscati»

Hoy vamos a dar relevancia a la organización que hace posible que estemos aquí: One World Surgery. Es la entidad que nos acoge y que, con ya unos cuantos años de recorrido a sus espaldas, logra que nuestra estancia en Honduras sea mucho más fácil, cómoda y agradable. One World Surgery es una organización sin ánimo de lucro cuya misión es “despertar el espíritu de servicio y transformar vidas proporcionando acceso a atención quirúrgica de alta calidad a nivel mundial”.

Logotipo de One World Surgery
One Word Surgery

Nos alojamos en el Centro de Conferencias NPH «Moscati», un edificio amplio, cómodo y acogedor, que poco tiene que ver con las condiciones de aquellos primeros años en los que apenas podíamos imaginar este nivel de confort. La residencia lleva el nombre de Giuseppe Moscati, médico italiano nacido en 1880 y fallecido en 1927, que ejerció en Nápoles como clínico, investigador y profesor universitario. Fue conocido como el “médico de los pobres” por su dedicación a los más necesitados, a quienes atendía muchas veces sin cobrarles e incluso ayudando económicamente para medicamentos y comida. La Iglesia católica lo canonizó en 1987, reconociendo su vida como ejemplo de medicina vivida desde el humanismo y el servicio.

Centro de Conferencias Moscati en Honduras
Edificio del Centro de Conferencias NPH

Nuestro día a día aquí sigue una rutina muy marcada. Nos levantamos entre las 5:00 y las 5:15 de la mañana para poder estar en el centro quirúrgico a las 6:00. Cuando salimos de la habitación, alguien —no sabemos exactamente quién— ya ha preparado café y algunos snacks, que podemos llevar en la mochila por si a lo largo del día los necesitamos. El equipo de One World Surgery nos lleva cada día el desayuno al Centro Quirúrgico debidamente etiquetado para cada integrante de la brigada y, más tarde, también el almuerzo, igualmente organizado y personalizado. La cena se sirve a las 6:30 de la tarde en la Residencia Moscati, cuando ya hemos concluido la actividad en los quirófanos.

Pabellón cubierto del centro de One World Surgery
Sala de Conferencias del Centro

Después de la jornada quirúrgica suele quedar un rato para pasear por los alrededores del Rancho Santa Fe o participar en las actividades que el personal de One World Surgery organiza: juegos, caminatas a la «Roca» o a la «Represa», visita a los niños de NPH, pequeños torneos, etc. Algunas noches, tras la cena, también hay actividades más distendidas como torneo de ping-pon, karaoke… Hoy, si el tiempo lo permite y la lluvia nos da una tregua, disfrutaremos de fogata-barbacoa y karaoke para cerrar el día.

Patio interior con jardín del Centro de Conferencias Moscati
Zona de habitaciones del Centro de Conferencias NPH

Un aspecto que valoramos muchísimo es que siempre hay una persona de One World Surgery de guardia, mañana, tarde y noche, pendiente de cualquier necesidad o problema que pueda surgir entre los miembros de la brigada. Su actitud es constantemente cercana, resolutiva y amable. Desde Podología Sin Fronteras nos faltan palabras para agradecerles todo lo que hacen por nosotros. Muchas de estas personas nos conocen desde hace años y nos reciben y atienden con una dedicación que se nota en los pequeños detalles del día a día. Aprovechamos este cuaderno de bitácora para darles públicamente las gracias y felicitarles por una organización cada vez más afinada y por su empeño en que nuestra estancia sea lo más agradable posible.

Comida preparada en bandejas para el equipo de la brigada

En lo estrictamente quirúrgico, el día ha transcurrido con una dinámica que ya sentimos casi como propia. Los quirófanos funcionan como si lleváramos toda la vida trabajando en ellos: los circuitos están consolidados, el ritmo es ágil y las cosas fluyen con naturalidad. De nuevo hemos tenido tres quirófanos en marcha durante toda la jornada, mientras otros compañeros atendían la clínica externa viendo pacientes. Ha sido un día intenso, pero ordenado, que deja todo preparado para mañana, nuestro último día de actividad quirúrgica en Honduras.

Equipo de PSF con gorros quirúrgicos comiendo durante una pausa

Y ahora a pasear un rato, para estirar las piernas y prepararnos para la fogata y el karaoke.

Dos miembros de PSF contemplando el atardecer en las montañas de Honduras

Os seguiremos informando.

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Día 6 · Viernes, 28 de noviembre de 2025

Último día de quirófano y fiesta de despedida

Escribo el diario de Bitácora del viernes ya hoy sábado, con un día de retraso, sentado en el Aeropuerto Internacional de Palmerola, en Honduras. Ayer fue imposible encontrar un hueco: apuramos las últimas horas de quirófano y, cuando terminamos, aún nos quedaba un último momento importante de la brigada.

Equipo de PSF con pijama quirúrgico en el último día de quirófano en Honduras
Los cirujanos de la Brigada 2025

Al acabar la jornada nos desplazamos a cenar a un restaurante, el D’Ana, que se encuentra cerca del Rancho Santa Fe, en la carretera de Olancho. Invitamos a todo el equipo quirúrgico y a las personas que han compartido esta semana con nosotros. Es nuestra manera de agradecerles, al menos en parte, el trato cercano, amable, cómplice y la amistad que nos regalan cada año cuando regresamos aquí.

Restaurante y tienda de carretera durante un traslado del equipo en Honduras
D?Ana restaurante

La velada fue muy divertida: compartimos «alguna» cerveza y muchas risas, bailamos, cantamos, y cenamos con nuestros amigos hondureños. Al final, como cada año, se repiten los mismos deseos: que a todos les vaya bien, que la vida les sea un poco más fácil en ese país y que podamos reencontrarnos el próximo año.

Equipo de PSF en un restaurante de carretera en Honduras
Llegando a D’Ana restaurante
Foto de grupo del equipo de PSF con el personal local en la fiesta de despedida
Compartiendo la fiesta con los amigos de Honduras

El día en el quirófano y en la clínica fue intenso y muy completo. Intentamos ajustar al máximo los tiempos quirúrgicos para poder operar al mayor número posible de pacientes. Aun así, algunos que se han visto durante la semana, por razones médicas o de agenda, no han podido operarse. Muchos de ellos ya están en la “lista de espera” de los podólogos de España anhelando que regresemos el próximo año para poder cumplir su deseo de pasar por el quirófano y mejorar su calidad de vida.

Podólogo de PSF durante una intervención el último día de quirófano en Honduras
Cirujanos de PSF operando un pie en el quirófano de Honduras
Dos podólogos de PSF realizando una intervención en Honduras
Equipo de PSF en el quirófano durante la última jornada quirúrgica

Ha sido una semana muy fructífera en lo personal, en lo profesional y en lo humano. Volvemos cansados, pero con la sensación profunda de haber podido contribuir, aunque sea un poco, a que algunas personas puedan transformar su vida gracias a nuestro trabajo.

Os dejo algunas fotos de la fiesta de anoche, que resumen mejor que cualquier palabra el ambiente, el cariño y la alegría con la que cerramos esta brigada. Gracias por acompañarnos y por ver el vídeo.

Fiesta de despedida con los niños y jóvenes del Rancho en Honduras
Voluntarias de PSF en la fiesta de despedida en Honduras
Baile durante la fiesta de despedida de la brigada en Honduras
Equipo de PSF compartiendo la fiesta de despedida con la comunidad

Os seguiremos informando.

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑


Días 7 y 8 · Sábado 29 y domingo 30 de noviembre de 2025

El regreso a casa

En la última entrada hablábamos del viernes 28, último día de quirófano y noche de despedida. Fue una jornada larga: cirugías hasta última hora, ducha rápida y directo a la cena con el equipo. Entre risas, fotos y anécdotas, el viernes se nos hizo tarde… y el diario de ese día terminó escribiéndose ya el sábado, desde el aeropuerto de Palmerola.

Esta entrada, en cambio, recoge lo que vivimos sábado y domingo: la salida del Rancho, el viaje de vuelta y ese momento irrepetible de volver a casa.


Madrugón en la Residencia Moscati

El sábado 29 tocaba cierre definitivo.

Comedor del alojamiento del equipo durante la brigada en Honduras
El primer café del día. Centro de Convenciones Moscati.

El despertador sonó poco después de las 5:00 a.m, todos coincidimos en que era el día que más nos costó levantarnos. Es posible que tras una semana en Honduras ya nos habíamos acostumbrado al cambio horario, incluso que ya no pesaba sobre nosotros la responsabilidad de alguna cirugía compleja, pero yo creo que «quizá, tal vez«, algo tuvo que ver la fiesta de la noche anterior… El caso es que tal y como nos ordenó Yeiri (del equipo de hospitalidad), a las 6:00 teníamos las habitaciones de la Residencia Moscati ya vacías. Maletas hechas a toda prisa, una última mirada a la habitación, comprobación de armarios y cajones de la que ha sido nuestra casa durante una semana y a las estancias que ya nos resultan familiares.

A las 6:30 nos prepararon el desayuno. contundente pero necesario y bienvenido.

Bandejas con comida preparada para el equipo durante la brigada
Desayuno con fruta y zumo para el equipo de la brigada

A las 7:00, todos a cargar maletas en el microbús rumbo al Aeropuerto Internacional de Palmerola.

Microbús que traslada al equipo de PSF en Honduras

Empieza ahí el otro tipo de “cirugía” del voluntariado: la de los embarques, las colas, los controles y las despedidas.


Tres rutas, muchas despedidas

Este año el equipo no viajaba en un solo vuelo, sino repartido en tres rutas distintas, así que las despedidas fueron en cascada: un grupo hacia una puerta, otro hacia otra, abrazos breves, promesas de volver a vernos y el clásico “avisad cuando lleguéis a casa”.

Yo formaba parte del grupo más numeroso, siete personas, que regresábamos por la ruta tradicional de otros años, antes de la existencia de vuelo directo Madrid–Tegucigalpa (que este año han suprimido, esperemos que provisionalmente).

Tegucigalpa – Miami y después, toda la noche, Miami – Madrid.

Vista desde la ventanilla del avión sobre las nubes en el viaje de regreso
Ultimo sol del horizonte antes de aterrizar en Miami.

El sábado se nos fue entre terminales, controles, cafés de aeropuerto, compra de regalos para la familia en el duty-free… y esa sensación extraña de estar a medio camino entre dos mundos: el que dejamos atrás en Honduras y el que nos espera en España.


Las maletas viajeras de Ana, Sergio y Héctor

Como incidencia destacable del regreso, hubo un detalle “logístico” que no podemos dejar fuera de esta crónica: las maletas de tres compañeros no llegaron a Madrid.

Concretamente, en la ruta de Ana, Sergio y Héctor, los equipajes decidieron hacer turismo por su cuenta. Ellos llegaron bien, que es lo importante, pero las maletas se quedaron en algún punto del camino. Tuvieron que hacer la reclamación correspondiente en el aeropuerto y ahora solo nos queda esperar que aparezcan en algún sitio y pronto vuelvan a sus dueños.

Forman parte también de estas historias de viaje: a veces volvemos todos… pero las maletas tardan un poco más.


Domingo: llegar a Madrid, llegar a casa

El domingo 30 de noviembre amanecimos ya en España. Aterrizamos en Madrid y comenzó la última etapa: algunos tomaron vuelos internos, otros trenes, otros coche particular hasta su ciudad.

El grupo de WhatsApp se fue llenando de mensajes a lo largo del día: “ya en Valencia”, “nosotros también en Linares, ya», «ya en casa”, “todo bien, con la familia.”

Esa cadena de avisos es, en realidad, el cierre emocional de la brigada: comprobar que todos hemos llegado bien y que cada uno vuelve al calor de los suyos.


Lo que dejamos allí, lo que nos traemos aquí

Con el domingo ya avanzado, podemos decir que la Brigada Honduras 2025 ha terminado. Hemos vuelto cansados, sí, pero con una sensación que se repite cada año: es mucho más lo que recibimos que lo que damos.

Para muchos de los pacientes intervenidos, esto no acaba con nuestra marcha. Les queda ahora el periodo de recuperación, las revisiones, el seguimiento. Y ahí el papel protagonista pasa al equipo local: médicos, enfermeras, auxiliares y equipo de administración que organiza citas, agendas y futuras brigadas.

Su labor, silenciosa y constante, es un aporte fundamental en la salud de la comunidad hondureña.

Nuestro agradecimiento especial va, un año más, al Dr. Merlin Omar Antúnez Vázquez y a todo su equipo. Su forma de trabajar y de acompañar hace que todo tenga más sentido.


Volver a la rutina… y volver al abrazo

Mañana retomamos nuestra actividad habitual en las clínicas. El trabajo será el mismo, pero cambia todo lo que lo rodea: la sala de espera, las tareas acumuladas, las calles al salir, el clima diferente, el huso horario.

Dejamos atrás una rutina vivida durante una semana en la otra parte del mundo y entramos de nuevo en la rutina de casa. Pero no volvemos igual: volvemos con la experiencia a cuestas y el corazón lleno.

Y queda, por encima de todo, ese momento que no se olvida: cruzar la puerta de casa y ser recibido por la familia Abrazar a los tuyos, saber que vuelves sano después de una semana lejos, escuchar el “¿todo bien?” cargado de preocupación, orgullo y cariño. Ahí, en ese abrazo de domingo, es donde todo encaja: los madrugones, el cansancio, las horas en quirófano, los vuelos eternos, las despedidas… y hasta las maletas perdidas.

La brigada termina en el calendario, pero lo que nos llevamos dentro seguirá acompañándonos mucho tiempo.

Agradecimientos:

No podemos acabar esta bitácora sin agradecer a todas las organizaciones, instituciones y empresas que colaboran de distintas maneras para que esto sea posible:

Y a todos los que de forma anónima participan con sus aportaciones con nuestra organización: !MUCHAS GRACIAS DE PARTE DE TODO EL EQUIPO¡

Participamos en esta «Brigada Honduras 2025»:

Foto de grupo del equipo de PSF en el aeropuerto al regreso de Honduras
Aeropuerto de Palmenrola Foto de grupo fin de brigada: de izquierda a derecha: Sergio, Antonio, Javier, Francesc, Carlos, Eladio, Agustín, Tino y Héctor. Abajo: Manuel, Ana, Ana R, y Neus.
  • Ana Belen Calcerrada.
  • Ana Rentero.
  • Neus Aparicio.
  • Tino Chisbert.
  • Eladio M. Garzón.
  • Francesc Soriano.
  • Sergio Miralles.
  • Javier Pascual.
  • Carlos Arcas.
  • Hector Martínez.
  • Manuel Leal.
  • Antonio González
  • Agustín Llamas.

Me gustaría terminar esta bitácora con una pequeña despedida en primera persona.

Gracias de corazón a todos los que habéis leído estas líneas, a los que me habéis hecho llegar vuestro cariño y vuestro agradecimiento por haber dedicado un rato cada día a escribirlas. El tiempo que he invertido en este diario ha estado más que bien empleado si, al otro lado, ha servido para acercaros un poco a lo que vivimos aquí.

El objetivo nunca fue otro que daros a conocer nuestro trabajo y haceros partícipes, casi en directo, del día a día de la brigada: los quirófanos, la clínica, los trayectos en furgoneta, las risas, el cansancio y también las emociones que no siempre se ven en las fotos. Desde una mirada muy humana, sencilla, honesta.

Y, por supuesto, este diario también iba dedicado a nuestras familias, que nos prestan durante unos días y se quedan lejos, preguntándose en qué andaremos metidos tan lejos de casa. Ojalá estas páginas hayan servido para que pudierais saber un poco mejor en qué empleábamos cada jornada, qué personas se han cruzado en nuestro camino y por qué merece la pena cada minuto de esfuerzo.

Si algo deseo al cerrar esta edición de la bitácora es que, al leerla, os hayáis sentido aquí un poquito con nosotros. Gracias por acompañarnos, por vuestro apoyo y por seguir creyendo en este proyecto.

Nos leemos en la próxima brigada... o no.

Ver esta entrada en el blog · Volver al índice ↑

Haz posible la próxima brigada

Cada expedición se financia con donaciones y con los cursos de PSF Academy.