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Diario de la brigada · Guatemala 2026

Crónica día a día de la primera brigada quirúrgica de Podología Sin Fronteras en Antigua Guatemala.

Entre el 27 de junio y el 4 de julio de 2026, el equipo de Podología Sin Fronteras realizó su primera brigada quirúrgica en Antigua Guatemala, en el Hospital Pedro de Bethancourt. Agustín Llamas, miembro del equipo, se encargó de escribir cada día este diario de bitácora. Aquí reunimos todas las entradas en orden cronológico.

Índice del diario

  1. Día 1 Primer viaje de PSF a Guatemala Sábado, 27 de junio de 2026
  2. Día 2 Conocer antes de intervenir Domingo, 28 de junio de 2026
  3. Día 3 Cuando la voluntad consigue que todo sea posible Lunes, 29 de junio de 2026
  4. Día 4 Empezamos a remar juntos Martes, 30 de junio de 2026
  5. Día 5 La seguridad manda Miércoles, 1 de julio de 2026
  6. Días 6 y 7 Cuando los planes cambian Jueves 2 y viernes 3 de julio de 2026
  7. Día 8 Regresar con la sensación de haber empezado algo Sábado, 4 de julio de 2026

Día 1 · Sábado, 27 de junio de 2026

Primer viaje de PSF a Guatemala

Después de muchos años de andadura de Podología Sin Fronteras en Honduras, ha llegado el momento de abrir una nueva puerta. Por primera vez, nuestra asociación pone rumbo a Guatemala.

Arco de Santa Catalina en Antigua Guatemala con el volcán de Agua al fondo
Arco de Santa Catalina – Antigua Guatemala

No llegamos con la intención de realizar una visita aislada ni de vivir una experiencia pasajera. Este viaje quiere ser una primera toma de contacto, el comienzo prudente de una relación que esperamos que pueda mantenerse durante muchos años con la comunidad de Antigua Guatemala. Nuestro propósito es conocer su realidad, escuchar sus necesidades y estudiar cómo podemos contribuir para que las personas con menos recursos tengan acceso a tratamientos de cirugía del pie que, de otra manera, difícilmente podrían costear.

Equipo de PSF en el aeropuerto de Madrid-Barajas con el equipaje y el material para la brigada
En la T4 del Aeropuerto Internacional de Barajas (Madrid).
De izquierda a derecha: Javier Pascual, Alicia Gavillero, Sergio Miralles, Héctor Martínez, Francesc Soriano (agachado), Agustín Llamas, Eladio Mtez. Garzón.

Para iniciar este camino hemos viajado siete podólogos españoles, procedentes de distintos lugares de nuestra geografía: Castellón, Palencia, Canals, Linares, Sueca, Bilbao, y Valencia. Diferentes ciudades, distintas trayectorias profesionales y personales, pero una misma voluntad: poner al servicio de los demás aquello que sabemos hacer.

Nuestra labor no consiste únicamente en tratar las patologías del pie. También queremos colaborar con los profesionales sanitarios guatemaltecos, compartir experiencias y conocimientos y acompañarlos, en la medida de nuestras posibilidades, en la difícil tarea de cuidar la salud de sus conciudadanos. La cooperación solo tiene verdadero sentido cuando se construye desde el respeto, la colaboración y el aprendizaje mutuo.

La aventura comenzó a primera hora del sábado. A las nueve de la mañana nos fuimos encontrando en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Cada uno había llegado desde su ciudad cargado con su equipaje personal, pero también con una parte importante del material quirúrgico y sanitario que necesitaremos durante estos días.

A las 12:10 despegó nuestro vuelo directo hacia Ciudad de Guatemala. Fueron muchas horas de viaje, suficientes para pensar en todo lo que quedaba por delante: las personas que conoceríamos, los pacientes a los que intentaríamos ayudar y las incertidumbres propias de llegar por primera vez a un país en el que queremos comenzar un proyecto estable.

Aterrizamos alrededor de las tres de la tarde, hora local, en el Aeropuerto Internacional La Aurora. Allí tuvimos que afrontar una de esas pequeñas grandes aventuras que suelen acompañar a cualquier expedición sanitaria: atravesar la aduana con una cantidad considerable de instrumental y material quirúrgico. Maletas, explicaciones, preguntas y cierta inquietud hasta comprobar que, finalmente, todo el material podía continuar viaje con nosotros.

Al salir del aeropuerto nos esperaba una furgoneta que nos trasladaría hasta Antigua Guatemala. Allí contamos con la ayuda de dos personas que serán fundamentales durante esta semana: Vivian, cirujana ortopédica guatemalteca, y Marta, enfermera española residente en Guatemala, con una larga trayectoria internacional como cooperante. Ambas se han ofrecido a acompañarnos, acogernos y orientarnos en las distintas actividades que desarrollaremos estos días. Su conocimiento del país, de su sistema sanitario y de las necesidades de la población será imprescindible para que esta primera experiencia pueda dar frutos.

Tras el trayecto desde la capital llegamos finalmente a Antigua Guatemala, donde un alojamiento compartido será nuestro hogar durante toda la semana. Después de tantas horas de viaje, el día terminó entre maletas, material médico, primeras conversaciones y el inevitable cansancio.

Comenzamos ahora a instalarnos, a conocernos mejor como equipo y, sobre todo, a dejarnos acoger por esta tierra.

Antigua nos recibe con unas calles en las que la historia sigue estando presente. Su arquitectura, sus plazas, sus iglesias y la disposición de la ciudad nos hablan de una herencia compartida y de los siglos en los que estas tierras formaron parte de un mismo mundo hispánico. Caminar por ellas invita a reflexionar sobre la enorme dimensión histórica, cultural y humana que llegó a representar la Hispanidad y sobre los vínculos que, pese al paso del tiempo y a la distancia del océano, todavía permanecen vivos.

Este ha sido solamente el día del viaje. En las próximas jornadas iremos contando cómo nos asentamos, las actividades que realizamos, las personas que encontramos en el camino y la manera en que Guatemala nos va mostrando su realidad.

Hoy comienza una nueva etapa para Podología Sin Fronteras. Llegamos con prudencia, con ilusión y con el deseo sincero de que este primer encuentro no sea algo pasajero, sino el principio de un compromiso duradero.

Porque, algunas veces, los grandes caminos empiezan simplemente así: siete personas, unas cuantas maletas llenas de instrumental y la voluntad compartida de ayudar con aquello que mejor saben hacer.

Mañana más…

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Día 2 · Domingo, 28 de junio de 2026

Conocer antes de intervenir

Nuestro primer despertar en Guatemala llegó bastante antes de lo previsto.

Alrededor de las tres y media de la madrugada, casi todos estábamos ya con los ojos abiertos. Las ocho horas de diferencia entre la península ibérica y Guatemala comenzaron a hacer su trabajo y nuestros cuerpos, todavía anclados en el horario español, decidieron que la noche había terminado mucho antes de que amaneciera.

Equipo de PSF en una calle empedrada de Antigua Guatemala con el volcán al fondo
De izquierda a derecha: Eladio Mtnez. Garzón, Sergio Miralles, Héctor Martínez, Francesc Soriano. Alicia Gavillero, Javier Pascual y Agustín Llamas.

Tampoco ayudaron demasiado los continuos cohetes, petardos y fuegos de artificio que se escuchaban en las inmediaciones de nuestro alojamiento. Nos encontramos a pocos metros de la iglesia de San Felipe de Jesús y hoy se celebraba en esta comunidad el Corpus Christi, una festividad que aquí se vive con una intensidad especial. La pirotecnia acompañó buena parte de la madrugada y, aunque no contribuyó precisamente a recuperar las horas de sueño perdidas, sí nos recordó desde el primer momento que habíamos llegado a una tierra en la que la fe, las tradiciones y la celebración forman parte de la vida cotidiana y se expresan abiertamente en sus calles.

Después de este madrugador comienzo, nos preparamos para afrontar el verdadero cometido de la jornada: establecer el primer contacto con el personal del equipo de Traumatología y Ortopedia del Hospital Pedro de Bethancourt y valorar a los pacientes que podrían ser intervenidos durante los próximos días.

Cuando llegamos al hospital, muchos de ellos ya se encontraban ingresados o habían sido citados expresamente para esta primera consulta. El recibimiento por parte del personal sanitario fue muy cordial. Desde el primer momento percibimos su disposición para colaborar, facilitarnos el trabajo y compartir con nosotros toda la información necesaria. Queremos agradecer especialmente esa acogida, porque en una iniciativa como esta la confianza y la cooperación con los profesionales locales son tan importantes como la propia actividad quirúrgica.

Preparación del material quirúrgico en el hospital antes de las intervenciones
Eladio preparando y distribuyendo el instrumental.

No hemos venido a Guatemala a trabajar de espaldas a su sistema sanitario ni a imponer nuestra forma de hacer las cosas. Hemos venido a sumar, a escuchar y a colaborar con quienes conocen a los pacientes, sus circunstancias y las posibilidades reales de seguimiento una vez que nosotros regresemos a España.

Para agilizar las valoraciones, dividimos el equipo en dos grupos y habilitamos dos áreas de consulta. Uno de ellos se encargó fundamentalmente de los pacientes con patologías de antepié, mientras que el otro se centró en los casos que afectaban al retropié.

La valoración previa a una cirugía no consiste únicamente en observar una deformidad y decidir cómo corregirla. Antes de proponer cualquier intervención hay que conocer a la persona que tenemos delante, escuchar qué le ocurre, comprender cómo condiciona su vida diaria y estudiar cuidadosamente las distintas alternativas.

En este contexto, además, la decisión no puede limitarse a cuál sería la técnica ideal sobre el papel. Debemos tener en cuenta la situación clínica y social de cada paciente, sus posibilidades de recuperación, el apoyo familiar del que dispone, las condiciones en las que podrá realizar el postoperatorio y los recursos sanitarios a los que tendrá acceso después de nuestra marcha.

Cada caso exige encontrar un equilibrio entre lo técnicamente posible y lo verdaderamente adecuado para esa persona.

Durante toda la mañana fuimos conociendo pacientes, revisando pruebas, explorando deformidades, compartiendo opiniones y decidiendo qué alternativa podía ofrecer el mejor resultado en cada situación. Nuestro objetivo era valorar al mayor número posible de personas y comenzar a elaborar un programa quirúrgico realista para toda la semana.

El hospital ha puesto a nuestra disposición tres quirófanos, lo que representa una oportunidad extraordinaria, pero también una importante responsabilidad. Disponer de varios espacios quirúrgicos permitirá trabajar simultáneamente y atender a un mayor número de pacientes, aunque para hacerlo con seguridad será necesario mantener una coordinación constante entre todos los equipos.

Una vez terminadas las consultas, trasladamos al hospital todo el material quirúrgico que habíamos traído desde España. Las cajas y maletas fueron abiertas, revisadas y distribuidas para que el equipo de esterilización pudiera preparar el instrumental necesario para las intervenciones del día siguiente.

Fue uno de esos momentos en los que se comprende que una campaña sanitaria comienza mucho antes de que el primer paciente entre en quirófano. Detrás de cada operación hay muchas horas de preparación, selección de material, transporte, inventario, esterilización y organización. Hay también muchas personas que trabajan sin aparecer en las fotografías, pero cuya labor resulta imprescindible para que todo pueda llevarse a cabo.

Finalizada la actividad hospitalaria, dispusimos de unas horas libres, probablemente las únicas que tendremos durante esta intensa semana. Aprovechamos para comer juntos y acercarnos un poco más a la ciudad que nos va a acoger durante estos días.

Antigua Guatemala impresiona desde el primer paseo. Sus calles empedradas, sus fachadas de colores, sus patios, sus iglesias y las ruinas de antiguos conventos conservan las huellas de una historia extraordinaria. La ciudad fue durante siglos uno de los grandes centros políticos, religiosos y culturales de la América hispana y ejerció como capital de la Capitanía General de Guatemala hasta que los terremotos de 1773 provocaron el traslado de la capital.

Fachada barroca de una iglesia colonial en Antigua Guatemala

Sin embargo, Antigua nunca desapareció por completo. Sus habitantes permanecieron ligados a ella y la ciudad fue reconstruyéndose alrededor de sus monumentos, sus ruinas y su trazado original. Hoy, pasear por sus calles permite contemplar la convivencia entre pasado y presente: junto a los antiguos edificios coloniales aparecen pequeños comercios, restaurantes, mercados, visitantes de numerosos países y una vida local que continúa desarrollándose bajo la presencia constante de los volcanes.

Es una ciudad de una enorme belleza, pero también una ciudad viva. Su atractivo no reside únicamente en sus monumentos, sino en los detalles: una puerta entreabierta que deja ver un patio interior, una fachada desgastada por el tiempo, una procesión que atraviesa una calle, el sonido de las campanas o la silueta de una iglesia al final de una calzada empedrada.

Interior de una iglesia de Antigua Guatemala decorada con telas rojas

En sus plazas y edificios se reconoce con facilidad la profunda huella hispánica que forma parte de su origen. Recorrer Antigua invita a pensar en la magnitud de aquella historia compartida y en los vínculos culturales, humanos y espirituales que, pese a la distancia y al paso de los siglos, continúan uniendo a nuestros pueblos.

Durante este pequeño recorrido estuvimos acompañados por Vivian Tecú (cirujana ortopédica) y Marta Gárate (enfermera) y Alejandrina Sosa (nutricionista). Ellas nos sirvieron de guías y nos ayudaron a comprender mejor lo que veíamos, no solamente desde el punto de vista turístico, sino también desde la mirada de quienes conocen y viven esta tierra.

Mientras una parte del grupo recorría la ciudad, algunos compañeros aprovecharon para realizar una compra y abastecer la casa con lo necesario para preparar los desayunos durante los próximos días. Son aspectos aparentemente pequeños, pero imprescindibles cuando siete personas comparten alojamiento y saben que las jornadas que se aproximan comenzarán muy temprano y terminarán probablemente bastante tarde.

Al regresar, volvimos a reunirnos todos para hacer una puesta en común de los casos valorados durante la mañana. Cada integrante del equipo había ido tomando datos, anotando observaciones y preparando las intervenciones que podían corresponderle.

Revisamos nuevamente los diagnósticos, las indicaciones, las técnicas propuestas y la distribución de los profesionales en los tres quirófanos. Los compañeros que trabajarán juntos comenzaron a coordinar cada procedimiento con el propósito de ser lo más resolutivos y eficientes posible, sin perder nunca de vista que la rapidez solo tiene valor cuando va acompañada de seguridad, planificación y respeto por el paciente.

Al terminar el día, todo estaba preparado para el comienzo de la actividad quirúrgica.

El instrumental se encontraba en proceso de esterilización. Los pacientes habían sido valorados. Los equipos estaban distribuidos. Las primeras intervenciones estaban planificadas. Y la ilusión, después de tantos meses de preparativos y de tantas horas de viaje, se encontraba en sus niveles máximos.

Nada de lo que comenzaremos mañana sería posible sin el esfuerzo de muchas personas. Queremos agradecer a las entidades y casas comerciales (Laboratorios Herbitas, Darco, ONG Mano a Mano (Iberia), Osteonek, Fundación NPH), Meddd, que han aportado material, a quienes han colaborado con nosotros desde España, a los profesionales guatemaltecos que nos han abierto las puertas del hospital y a todas las personas que durante estos días van a dedicarnos su tiempo y su ayuda.

Cada caja de material y cada instrumento que hemos conseguido traer representa la generosidad de alguien que ha decidido formar parte de este proyecto, aunque no haya podido viajar con nosotros.

Ahora solo deseamos estar a la altura de esa confianza.

Nuestro objetivo no es que se hable de quienes hemos venido, sino que los pacientes guatemaltecos puedan beneficiarse de este esfuerzo común. Que una persona pueda caminar con menos dolor, recuperar parte de su autonomía o afrontar su futuro con una limitación menos será la verdadera medida del trabajo realizado.

Mañana se abrirán las puertas de los quirófanos y comenzará la parte más intensa de esta aventura.

Esta noche intentaremos dormir algo más. Aunque, entre el desfase horario, los nervios y la ilusión, nadie puede asegurarlo.

Mañana más, seguiremos informando…

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Día 3 · Lunes, 29 de junio de 2026

Cuando la voluntad consigue que todo sea posible

Hoy ha comenzado realmente la actividad quirúrgica de Podología Sin Fronteras en Guatemala.
Ayer os contamos que por la mañana llevamos al hospital todo el instrumental traído desde España, junto con el material donado por las casas comerciales que apoyan este proyecto, especialmente Herbitas y Darco.

Antes de las siete de la mañana, los siete integrantes del equipo ya habíamos desayunado y nos encontrábamos en el Hospital Pedro de Bethancourt, preparados para afrontar nuestro primer día de quirófano.

Vista aérea del Hospital Nacional Pedro de Bethancourt, Antigua Guatemala

Llegar a un hospital de otro país obliga inevitablemente a mirar, comparar y reflexionar.
Desde nuestra mentalidad occidental y desde los medios sanitarios de los que disponemos en España, resulta difícil no percibir las diferencias. Vemos un edificio que acusa el paso del tiempo, el uso constante y la escasez de recursos. Esa realidad nos recuerda la situación privilegiada que tenemos y la necesidad de protegerla, pero también la responsabilidad de ayudar, cada uno en la medida de sus posibilidades, a quienes cuentan con menos medios.
Allí donde faltan recursos, sin embargo, encontramos personas llenas de voluntad.

Cirujano de PSF durante una intervención en el quirófano del Hospital Pedro de Bethancourt

Desde el primer momento sentimos la ayuda del personal del hospital y, especialmente, del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Siempre atentos, diligentes y dispuestos a buscar una solución ante cada dificultad.
En todas las expediciones sanitarias, el primer día quirúrgico suele ser el más complicado. En esta ocasión, además, todo era nuevo: el hospital, el país, las costumbres y los equipos humanos. A ello se añadía que era día de asueto en Guatemala, por lo que servicios como el de esterilización disponían de menos personal.

Y, como suele ocurrir en cualquier quirófano, siempre faltaba algo: una pinza concreta, una pieza del motor o algún instrumento imprescindible para una determinada intervención. Esto dificultaba optimizar los tiempos y obligaba a reorganizar continuamente el trabajo.
Pero la buena voluntad de todos hizo posible que los problemas fueran resolviéndose.
Los profesionales guatemaltecos aportaron su conocimiento del hospital y de los medios disponibles. Nosotros intentamos adaptarnos, compartir instrumental entre los distintos quirófanos y ayudarnos unos a otros cuando surgía alguna complicación. Poco a poco, comenzamos a trabajar como un solo equipo.

Dos miembros del equipo de PSF operando en el quirófano

A lo largo de la jornada pudimos completar todas las cirugías previstas y continuamos valorando nuevos pacientes para organizar el programa del resto de la semana. Detrás de cada intervención había una persona que llevaba mucho tiempo conviviendo con dolor, deformidad o limitaciones importantes. Esa confianza depositada en nosotros se siente de una manera especial cuando se trabaja lejos de casa.
Al final del día regresamos cansados, pero satisfechos.
Como es habitual en estas expediciones, nos sentamos juntos para comentar los casos y compartir las impresiones de la jornada. Mientras hablábamos, el Servicio de Traumatología continuaba enviándonos las radiografías postoperatorias de los pacientes. Poco a poco fuimos confirmando que todos los casos habían evolucionado satisfactoriamente durante las primeras horas.
Entonces llegó el momento de relajarnos.
Compartimos una cerveza, algunas anécdotas, sonrisas y esa sensación de alivio que aparece después de una jornada exigente. No celebrábamos el número de operaciones realizadas, sino haber superado juntos las dificultades, que los pacientes se encontraran bien y que la armonía entre nosotros estuviera haciendo posible el trabajo.
Nada de lo conseguido hoy habría sido posible sin el personal del Hospital Pedro de Bethancourt, sin los compañeros guatemaltecos que nos han abierto las puertas y sin las casas comerciales y personas que han colaborado desde España.

Equipo quirúrgico de PSF realizando una intervención de pie

A veces, donar un instrumento o ayudar con un material puede parecer un gesto pequeño. Pero cuando ese instrumento permite completar una cirugía, el gesto adquiere un significado enorme.
Hoy hemos operado a nuestros primeros pacientes en Guatemala.
Mañana volveremos al hospital con algo más de experiencia, una organización mejor ajustada y la misma ilusión con la que comenzamos este viaje.
No hemos venido únicamente a realizar cirugías.
Hemos venido a compartir lo que sabemos, a aprender de quienes nos han recibido y a comprobar que, cuando existe voluntad de ayudar, incluso las dificultades más grandes pueden encontrar una solución.

Y mañana más…

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Día 4 · Martes, 30 de junio de 2026

Empezamos a remar juntos

El segundo día de quirófano comenzó con una pequeña ventaja: al menos ya sabíamos adónde íbamos.

Conocíamos los pasillos, la ubicación de los quirófanos y la forma de movernos por el hospital. También empezábamos a reconocer algunas caras o, por lo menos, a sentir que ya nos resultaban familiares. Después de una primera jornada en la que todos nos observamos con cierta expectativa, siempre existe la incógnita de cómo será el encuentro del día siguiente, cuando ya hemos compartido unas horas de trabajo y comenzamos a conocernos de verdad.

La respuesta volvió a ser extraordinaria.

El personal guatemalteco nos recibió con la misma amabilidad, cercanía y disposición para colaborar. Cada vez que solicitábamos algo, alguien trataba de ayudarnos. Por nuestra parte, procurábamos adaptarnos al funcionamiento del hospital y hacer que nuestra presencia facilitara el trabajo, en lugar de complicarlo.

Cuando todas las personas reman en la misma dirección, resulta mucho más difícil que las cosas no funcionen.

Como ya habíamos contado, el hospital ha puesto a nuestra disposición tres quirófanos. Habitualmente, uno de ellos se destina a los procedimientos más complejos de retropié, mientras que en los otros dos realizamos intervenciones de antepié y mediopié. Esta distribución nos permite trabajar simultáneamente y aprovechar mejor el tiempo disponible.

Cirujanos de PSF realizando una intervención de pie en Guatemala

Aunque empezamos a adquirir velocidad de crucero, la jornada volvió a presentarnos algunos de esos pequeños problemas que acompañan inevitablemente a la actividad quirúrgica. En ocasiones faltaba algún elemento del material de osteosíntesis; en otras, no encontrábamos el destornillador adecuado, no aparecía el tornillo que creíamos haber preparado o necesitábamos algún instrumento que se encontraba en otro quirófano.

Son dificultades aparentemente menores, pero capaces de detener una intervención y obligarnos a buscar alternativas. Sin embargo, gracias a la coordinación entre los compañeros y a la ayuda del personal del hospital, todas fueron encontrando solución.

Finalmente, pudimos completar las cirugías previstas sin ningún contratiempo importante y con resultados satisfactorios.

Durante el día continuamos también valorando nuevos pacientes para completar el programa quirúrgico de toda la semana. El hospital había publicado un anuncio en sus redes sociales informando de nuestra presencia y la respuesta de la población fue excelente. Fueron llegando nuevas personas con patologías que llevaban tiempo condicionando su vida y que buscaban una oportunidad de tratamiento.

Cartel de la brigada de PSF en el Hospital Pedro de Bethancourt, Antigua Guatemala, del 27 de junio al 3 de julio de 2026

Cada nuevo paciente nos recuerda que una semana es muy poco tiempo.

Precisamente cuando empezamos a entender mejor el funcionamiento del hospital y a coordinarnos con mayor facilidad con los profesionales guatemaltecos, somos conscientes de que los días pasan demasiado rápido. Por eso intentamos aprovechar cada jornada, mejorar la organización y atender al mayor número posible de personas sin renunciar nunca a la seguridad y a la calidad del tratamiento.

Equipo de PSF concentrado durante una cirugía en el quirófano

Entre nosotros, en cambio, no hay nada que descubrir. Somos el mismo equipo desde hace muchos años. Llevamos más de quince compartiendo profesión, proyectos, viajes y amistad. Nos conocemos a la perfección, sabemos cómo trabaja cada uno, cómo piensa y cómo reacciona cuando surgen dificultades. Pero, sobre todo, somos un grupo de amigos que se quieren.

Podólogo de PSF operando un pie con la ayuda del personal del hospital

Esa amistad se nota dentro y fuera del quirófano. Nos permite entendernos con una mirada, anticiparnos a lo que necesita el compañero y afrontar con confianza incluso los momentos más complicados. Quizá esa sea una de las mayores fortalezas de este proyecto: no somos solo siete profesionales trabajando juntos, sino siete amigos unidos por una historia común y por la misma forma de entender la cooperación.

Dos cirujanas de PSF durante una intervención en Guatemala

Después de finalizar la actividad hospitalaria, decidimos salir a cenar y disfrutar durante un par de horas de la tarde-noche de Antigua Guatemala. La ciudad, con sus calles empedradas, sus edificios coloniales y sus rincones llenos de historia, merece ser recorrida con más calma de la que probablemente podamos dedicarle durante esta semana.

Equipo de PSF descansando en una terraza iluminada de Antigua Guatemala

Fue un pequeño respiro después de una jornada intensa: una cena compartida, algo de conversación y la oportunidad de disfrutar juntos de una ciudad que nos está acogiendo con enorme cariño.

Pero el descanso debía ser breve.

A las cinco de la mañana volvería a sonar el despertador y nos esperaba una nueva jornada de trabajo.

El equipo funciona porque lleva muchos años haciéndolo, porque existe confianza y porque, más allá de la experiencia profesional, hay una amistad construida con el tiempo.

La semana avanza demasiado rápido, pero todavía queda mucho por hacer.

Mañana, más.

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Día 5 · Miércoles, 1 de julio de 2026

La seguridad manda

Tercer día de quirófano.

Las cosas comienzan a agilizarse. Ya conocemos los espacios, sabemos a quién pedir o dónde buscar el material y la coordinación con el personal del Hospital Pedro de Bethancourt es cada vez más natural. Aun así, una jornada quirúrgica nunca se desarrolla exactamente como estaba prevista.

Algunos pacientes tuvieron que ser retirados del programa porque las pruebas preoperatorias o la valoración de Medicina Interna desaconsejaban intervenirlos en ese momento. Se intentará estabilizar a quienes puedan ser operados durante los días que todavía nos quedan. Para otros, desgraciadamente, tendrá que haber una próxima ocasión.

Podólogos de PSF operando bajo las lámparas del quirófano en Guatemala

Nos gustaría poder atenderlos a todos, pero hay una norma que está por encima de cualquier deseo de ayudar: la seguridad del paciente manda siempre.

También empezamos a formar parte, aunque solo sea durante unos días, de la vida cotidiana del hospital. Cada vez reconocemos más caras y, prácticamente por cualquier lugar por el que pasamos, alguien nos pregunta si somos los españoles que han venido para «la jornada», que es como aquí denominan esta semana de actividad quirúrgica.

La respuesta de la población ha superado todas las previsiones. Aunque el programa de los tres quirófanos ya está completo hasta el final de nuestra estancia, siguen llegando personas que desean ser valoradas. Nos resulta difícil explicarles que ya no queda tiempo material para incluir nuevas intervenciones.

Tendrán que esperar a una segunda jornada, siempre que las condiciones lo permitan, que el personal del hospital considere útil nuestro regreso y que Podología Sin Fronteras pueda volver a reunir los medios necesarios. Nos marcharemos sabiendo que todavía quedan muchas personas esperando una oportunidad y, posiblemente, ese sea uno de los motivos más importantes para intentar regresar.

La actividad quirúrgica transcurrió sin incidentes relevantes. Cada equipo fue completando sus intervenciones y, poco a poco, el día avanzó entre quirófanos, radiografías, instrumental y decisiones compartidas.

Intervención quirúrgica de pie con el equipo de PSF y personal local en Guatemala

Pero por encima de los procedimientos y de los resultados técnicos, hubo una imagen que difícilmente podremos olvidar: la lágrima de una madre al contemplar la fotografía del pie de su hija después de la intervención.

En una sola lágrima cabían muchos años de preocupación, esperanza y espera. También estaba contenido el verdadero sentido de nuestra presencia aquí. En momentos así comprendemos que para nosotros puede ser una cirugía más dentro de una semana intensa, pero para una familia puede representar un cambio enorme en la vida de alguien a quien quiere.

Al finalizar la jornada regresamos a la casa, nos dimos una ducha rápida y salimos a compartir una cerveza en Cervecería 14.

La iniciativa había partido del propio personal del hospital y a aquel encuentro acudieron la mayoría de los residentes del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Después de varios días trabajando juntos en los quirófanos, tuvimos la oportunidad de conocernos también fuera del entorno hospitalario, conversar con más calma y compartir experiencias personales y profesionales.

Cena de grupo del equipo de PSF y colaboradores guatemaltecos

Fue un verdadero momento de hermandad entre España y Guatemala. Una reunión sencilla, alrededor de una cerveza, pero llena de significado: profesionales de dos países unidos por la medicina, el deseo de ayudar y la amistad que empieza a construirse cuando se trabaja codo con codo por un mismo objetivo.

El lugar nos regaló, además, uno de esos atardeceres que parecen preparados para detener el tiempo. Desde allí contemplamos los volcanes que rodean Antigua mientras el cielo iba perdiendo lentamente su luz. Cuando llegó la noche, pudimos distinguir en la distancia la luminosidad rojiza de la lava.

El paisaje, la temperatura primaveral y la compañía hicieron que entendiéramos perfectamente por qué Guatemala es conocida como el país de la eterna primavera.

Después de tantas horas en el hospital, aquel momento nos permitió respirar y disfrutar de la convivencia entre quienes, aunque procedemos de lugares diferentes, comenzamos a sentirnos parte de un mismo equipo.

No hacen falta grandes celebraciones. A veces basta una cerveza, un atardecer frente a los volcanes y una conversación entre amigos para descubrir que la cooperación también se construye en estos pequeños momentos.

Después, vuelta a casa y a descansar.

La semana avanza rápidamente. El programa quirúrgico está completo, seguimos encontrando personas a las que nos gustaría ayudar y cada día Guatemala nos ofrece una razón más para pensar que esta primera visita no debería ser la última.

Mañana volveremos al hospital.

Todavía queda mucho por hacer.

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Días 6 y 7 · Jueves 2 y viernes 3 de julio de 2026

Cuando los planes cambian

Estas dos jornadas llegan juntas al cuaderno de bitácora porque los acontecimientos del jueves alteraron por completo nuestra organización y, durante unas horas, hicieron que todo lo demás pasara a un segundo plano.

El jueves comenzó como los días anteriores: desayuno temprano en la casa, un breve paseo hasta el Hospital Pedro de Bethancourt y el inicio del programa quirúrgico. Sin embargo, poco después, nuestro compañero Francesc comenzó a sufrir un intenso dolor abdominal acompañado de una fuerte sudoración.

Equipo de PSF durante una intervención quirúrgica en el Hospital Pedro de Bethancourt
Francesc operando momentos antes de encontrarse indispuesto

Al no mejorar, fue atendido inmediatamente por los profesionales del hospital, que actuaron con rapidez y enorme dedicación. Tras realizarle las pruebas necesarias, se confirmó que padecía un cólico renal.

En ese momento establecimos dos prioridades muy claras. La primera, y por encima de cualquier otra, era que Francesc recibiera la mejor atención posible. La segunda era reorganizarnos para poder continuar con las intervenciones de los pacientes que ya estaban preparados.

La asistencia del personal del Hospital Pedro de Bethancourt fue excelente. También resultó fundamental el apoyo de Marta Gárate, Vivian Tecú y Alejandrina. Tras activar el seguro de viaje, se recomendó su traslado al Hospital El Pilar, en Ciudad de Guatemala, donde fue valorado por un urólogo.

Eladio Martínez Garzón permaneció a su lado durante todo el proceso. Finalmente, se decidió realizar una intervención para colocar una sonda doble J e intentar extraer los cálculos que estaban provocando el problema.

Mientras tanto, en Antigua Guatemala, el resto del equipo tuvo que redistribuirse para mantener la actividad quirúrgica. Fue una jornada difícil, porque la preocupación por nuestro amigo convivía con la necesidad de mantener la concentración y atender correctamente a cada paciente.

Alrededor de la medianoche llegó la noticia que todos esperábamos: la intervención había salido bien y las piedras habían podido ser extraídas.

El alivio fue enorme.

Paciente sonriendo y con el pulgar en alto en su cama del hospital tras la intervención

Lo ocurrido nos recordó que somos mucho más que un grupo de profesionales que ha viajado a Guatemala para operar. Somos amigos desde hace muchos años y, cuando uno de nosotros atraviesa una dificultad, todo lo demás pierde inmediatamente importancia.

El viernes amaneció inevitablemente condicionado por lo sucedido.

Ese día estaba previsto que Alicia Gavillero, Héctor Martínez y Agustín Llamas se desplazaran a Ciudad de Guatemala para impartir un curso de cirugía ungueal. Se trataba de una actividad sin ánimo de lucro, organizada con un precio muy moderado para ayudar a financiar parte de los costes del material utilizado durante la expedición.

Cartel del curso de Cirugía ungueal de la A a la Z impartido en Guatemala en julio de 2026
Presentación del curso de cirugía ungueal

El programa incluía una sesión teórica el viernes y procedimientos de cirugía ungueal en directo al día siguiente. Pero, una vez más, tuvimos que modificar los planes.

Sergio Miralles, Javier Pascual y Agustín Llamas permanecieron en el Hospital Pedro de Bethancourt para afrontar las cirugías programadas. Alicia Gavillero, Héctor Martínez y, en la medida que pudo después de acompañar a Francesc, Eladio Martínez Garzón sacaron adelante la parte teórica del curso en Ciudad de Guatemala.

Profesionales asistiendo a una sesión formativa de PSF en Guatemala
Primera jornada del curso de cirugía ungueal

El equipo quedó dividido entre dos lugares, pero unido por un mismo propósito.

En Antigua, dos intervenciones tuvieron que ser suspendidas. Una de ellas por no disponer del material imprescindible y la otra porque la situación clínica del paciente desaconsejaba la cirugía. Nunca es una buena noticia retirar a alguien del programa, pero la seguridad debe estar siempre por encima de cualquier otro objetivo.

El resto de las intervenciones se realizaron sin incidencias importantes y la jornada terminó siendo algo menos intensa de lo previsto.

A media tarde recibimos, además, la mejor noticia del día: alrededor de las tres y cuarto, Francesc recibió el alta hospitalaria. Después del susto de las horas anteriores, saber que podía abandonar el hospital y continuar recuperándose supuso una enorme tranquilidad para todos.

En Antigua aprovechamos el final de la tarde para descansar y compartir una cerveza mientras veíamos los últimos minutos del partido entre Argentina y Cabo Verde. Más tarde, los tres compañeros que permanecíamos allí fuimos a cenar en una velada que ya tenía cierto sabor a despedida.

Miembros del equipo de PSF compartiendo una cena tras la jornada en Antigua Guatemala
Sergio Miralles, Javier Pascual y Agustín Llamas compartiendo mesa y amistad.

Fueron dos días muy distintos de lo que habíamos imaginado.

La semana nos ha enseñado que los planes son necesarios, pero también que la cooperación comienza de verdad cuando somos capaces de cambiarlos sin perder de vista lo importante.

Por eso esta publicación llega con algo de retraso.

Durante estas dos jornadas tuvimos que ocuparnos primero de nuestro compañero, reorganizar el trabajo, mantener las cirugías y sacar adelante el curso. Ahora, con Francesc recuperándose y todo convertido afortunadamente en un susto, podemos detenernos un momento y contar lo vivido.

Han sido dos días intensos, pero también una nueva demostración de amistad, compromiso y capacidad para permanecer unidos cuando las cosas se complican.

Y mañana el final.

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Día 8 · Sábado, 4 de julio de 2026

Regresar con la sensación de haber empezado algo

Nuestro último día en Guatemala comenzó muy temprano.

Después de todo lo vivido durante la semana, los tres compañeros que todavía permanecíamos en Antigua Guatemala —Javier Pascual, Sergio Miralles y Agustín Llamas— salimos a las seis y cuarto de la mañana en dirección a Ciudad de Guatemala. Allí nos reuniríamos de nuevo con el resto del equipo para participar en la segunda jornada del curso de cirugía ungueal.

El curso reunió a médicos de distintas especialidades, entre ellos dermatólogos y otros profesionales interesados en conocer técnicas de cirugía ungueal en directo. Algunos de los asistentes nos comentaron que era la primera vez que podían ver estos procedimientos realizados sobre pacientes reales, ya que en otros cursos los habían practicado únicamente sobre simuladores de plástico.

Equipo de Podología Sin Fronteras preparando el instrumental quirúrgico en el hospital, Guatemala

Y, evidentemente, no es lo mismo.

Podólogo de Podología Sin Fronteras durante una intervención en el Hospital Pedro de Bethancourt, Guatemala
Cirugía ungueal en directo

Ver una técnica en directo permite comprender mejor los gestos, los tiempos, las dificultades y los pequeños detalles que no siempre pueden explicarse en una presentación. Por eso la jornada fue especialmente enriquecedora, no solo para quienes asistían, sino también para nosotros, que pudimos compartir una parte muy concreta de nuestra experiencia profesional.

Presentación de Podología Sin Fronteras ante un grupo de profesionales en Guatemala
Francesc Soriano, presidente de PSF, (ya de alta) agradeciendo el apoyo de los participantes al curso.

Tras finalizar el curso, realizar las técnicas quirúrgicas previstas y hacer las fotografías de rigor, llegó el momento de cerrar la semana.

Foto de grupo del equipo de PSF con profesionales sanitarios guatemaltecos
El equipo de PSF junto con algunos de los asistentes al Curso de Cirugía Ungueal.

Llegamos a Guatemala siendo desconocidos para ellas y, sin embargo, desde el primer momento nos ofrecieron ayuda, tiempo y una capacidad de gestión que ha sido fundamental para que esta expedición saliera adelante.

Equipo de Podología Sin Fronteras con el personal del hospital en Guatemala
De izquierda a derecha: Francesc, Héctor, Eladio, Marta, Alicia, Vivian, Javier, Alejandrina, Agustín y Sergio

Marta Gárate, Vivian Tecú y Alejandrina nos acompañaron al Aeropuerto Internacional La Aurora. Allí pudimos despedirnos de ellas y agradecerles sinceramente todo lo que han hecho por nosotros durante estos días.

Marta nos ha acompañado en la organización diaria, resolviendo dificultades, facilitando desplazamientos, contactos y necesidades prácticas. La doctora Vivian Tecú ha sido clave en la organización del curso. Alejandrina también nos ha brindado su apoyo en momentos importantes de la semana. A las tres queremos dedicarles un agradecimiento especial. Porque cuando hay calidad humana, generosidad y verdadero deseo de ayudar, muchas dificultades encuentran solución. Y ellas han sido una parte esencial de esta primera experiencia de Podología Sin Fronteras en Guatemala.

Después llegó el viaje de regreso.

Volamos con Iberia, en el vuelo IB222, desde el Aeropuerto Internacional La Aurora hacia Madrid, con escala en San Salvador. Allí bajamos del avión durante la parada y nos sorprendieron las instalaciones del aeropuerto, modernas, amplias y muy cuidadas, antes de volver a subir al mismo avión para cruzar el Atlántico.

Tras más de trece horas de viaje, aterrizamos en Madrid el domingo por la tarde. Y entonces comenzó la última etapa, quizá la menos épica, pero también muy reconocible: prisas por llegar a Chamartín para coger un tren, compañeros que se quedaban a recoger las últimas maletas, despedidas rápidas y cada uno rumbo a su casa.

En estos viajes hay un momento que ya se ha convertido casi en tradición.

Horas después, el grupo de WhatsApp empieza a llenarse de mensajes: “ya en casa”, “todo bien”, “gracias por estos días”, “un abrazo, chicos”. A veces llegan también fotos con la familia, con los hijos, con la vida cotidiana esperando al otro lado del viaje.

Es la despedida silenciosa de un grupo que se quiere, que trabaja bien junto y que sabe que lo vivido no termina realmente al aterrizar.

Guatemala ha sido una primera toma de contacto, pero no ha sido una visita cualquiera. Hemos operado, hemos enseñado, hemos aprendido, nos hemos adaptado a los imprevistos y hemos conocido a profesionales y personas que nos han recibido con una generosidad enorme.

Nos vamos cansados, agradecidos y con la sensación de que aquí no se ha cerrado una historia, sino que quizá acaba de empezar.

Ahora toca volver a casa, recuperar fuerzas y guardar en la memoria todo lo vivido.

Y si todo va bien, a finales de año, el 21 de noviembre, volveremos de nuevo a Honduras.

Porque Podología Sin Fronteras sigue caminando.

Y nosotros, mientras podamos, seguiremos caminando con ella.

Gracias a todos.

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