Primer día de Quirófano
Diario de bitácora. Lunes 24 de noviembre de 2025.
Primer día de quirófano: amanecer temprano, bisturí afilado y corazones llenos.
Hoy el despertador ha sonado a las cinco de la mañana, pero la sensación no era de sueño, sino de responsabilidad. Apenas había amanecido y empezaba el primer día quirúrgico de la brigada en el centro quirúrgico del Rancho Santa Fe, y con él, la verdadera razón de este viaje.
Después de llegar el sábado desde España y dedicar el domingo a aterrizar física y emocionalmente, hoy tocaba lo que veníamos esperando desde hacía meses: comenzar a operar.
A las seis de la mañana ya estábamos en el centro quirúrgico. El equipo de podólogos nos hemos distribuido en varios grupos: tres compañeros en un quirófano, otros tres en un segundo, dos más en un tercero, y el resto pasando consulta en la clínica.

La organización está pensada para que todos rotemos por todos los puestos: algunos días clínica, otros días quirófano, pero siempre con la sensación de estar aportando algo necesario en cada eslabón de la cadena.

Hoy nos hemos reencontrado con el equipo de One World Surgery del Centro Quirúrgico Sagrada Familia. La mayoría son ya caras conocidas de otros años: personas con las que hemos compartido muchos pacientes, muchas horas de quirófano y también muchas conversaciones en los pasillos. Volver a ver al doctor Merlin Omar Antúnez, director de la clínica, es casi como reencontrarse con un viejo amigo. Lo mismo sucede con personas tan queridas como Juan Carlos (J.C.), Miriam, Melissa, y tantos otros que forman parte de esta pequeña gran familia.
La mayoría de brigadas que llegan a Honduras vienen desde Estados Unidos, así que el equipo local está acostumbrado a trabajar en inglés. Con nosotros se mezclan el español de Honduras y el español de España, creando a veces situaciones divertidas por las expresiones, los giros y las palabras que no significan exactamente lo mismo a un lado y otro del océano. Aun así, impresiona pensar que, después de tantos siglos y más de seis mil kilómetros de distancia, seguimos compartiendo el mismo idioma y, sobre todo, la misma forma de cuidar a los pacientes.
Los verdaderos protagonistas, un día más, son ellos: los pacientes. Personas realmente pobres, sin recursos económicos, que no pagan absolutamente nada por sus cirugías. Gente sencilla, humilde, bondadosa, con una capacidad de agradecimiento que conmueve. Un “gracias, doctor”, un apretón de manos, una mirada de alivio al saber que su dolor puede mejorar… Son gestos pequeños que aquí se sienten enormes.
También es justo destacar el trabajo de las auxiliares que han venido con nosotros desde España, que hoy han estado ayudando en la clínica. Son profesionales muy competentes, siempre dispuestas a echar una mano donde haga falta, adaptándose al entorno y al ritmo del centro como si llevaran toda la vida trabajando aquí.

Cuando hemos salido del centro quirúrgico, ya entrada la mañana, nos hemos hecho una foto en la entrada de la Residencia Moscati, nuestro “hogar” estos días. Está a unos quince minutos andando del centro quirúrgico, dentro del propio Rancho Santa Fe. Ese pequeño paseo, entre árboles, caminos de tierra y silencio, se está convirtiendo en un momento de transición: del ruido del quirófano a la calma de la residencia, de la concentración máxima al espacio de comentar el día y tomar conciencia de lo vivido.

Antes de que anocheciera, todavía nos ha dado tiempo a dar un paseo por los alrededores del Rancho Santa Fe, estirando las piernas después de tantas horas de quirófano. Caminar entre los caminos de tierra, la vegetación y el silencio del rancho nos ha servido para descargar la tensión acumulada, cambiar el ruido de los monitores, aspiradores, y el instrumental por el sonido de la naturaleza y, de alguna manera, ir cerrando el día también por dentro.
Hoy finalizamos el primer día de quirófano con con una sensación profunda de agradecimiento por poder ejercer nuestra profesión en un entorno donde lo que para nosotros es “rutina clínica” aquí marca, a veces, un antes y un después en la vida de una persona.
Agradecimiento por el equipo local que nos abre las puertas de su casa y nos hace sentir parte de ella.
Y agradecimiento, también, por la oportunidad que la vida nos da de estar aquí, en Honduras, poniendo manos, conocimientos y corazón al servicio de quienes más lo necesitan.
Ahora a cenar, a charlar un rato y compartir las anécdotas del día, a revisar los casos clínicos de mañana y a descansar.
Os seguiremos informando.
