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El regreso a casa


Diario de Bitácora · Sábado 29 y Domingo 30 de noviembre de 2025

En la última entrada hablábamos del viernes 28, último día de quirófano y noche de despedida. Fue una jornada larga: cirugías hasta última hora, ducha rápida y directo a la cena con el equipo. Entre risas, fotos y anécdotas, el viernes se nos hizo tarde… y el diario de ese día terminó escribiéndose ya el sábado, desde el aeropuerto de Palmerola.

Esta entrada, en cambio, recoge lo que vivimos sábado y domingo: la salida del Rancho, el viaje de vuelta y ese momento irrepetible de volver a casa.


Madrugón en la Residencia Moscati

El sábado 29 tocaba cierre definitivo.

El primer café del día. Centro de Convenciones Moscati.

El despertador sonó poco después de las 5:00 a.m, todos coincidimos en que era el día que más nos costó levantarnos. Es posible que tras una semana en Honduras ya nos habíamos acostumbrado al cambio horario, incluso que ya no pesaba sobre nosotros la responsabilidad de alguna cirugía compleja, pero yo creo que «quizá, tal vez«, algo tuvo que ver la fiesta de la noche anterior… El caso es que tal y como nos ordenó Yeiri (del equipo de hospitalidad), a las 6:00 teníamos las habitaciones de la Residencia Moscati ya vacías. Maletas hechas a toda prisa, una última mirada a la habitación, comprobación de armarios y cajones de la que ha sido nuestra casa durante una semana y a las estancias que ya nos resultan familiares.

A las 6:30 nos prepararon el desayuno. contundente pero necesario y bienvenido.

A las 7:00, todos a cargar maletas en el microbús rumbo al Aeropuerto Internacional de Palmerola.

Empieza ahí el otro tipo de “cirugía” del voluntariado: la de los embarques, las colas, los controles y las despedidas.


Tres rutas, muchas despedidas

Este año el equipo no viajaba en un solo vuelo, sino repartido en tres rutas distintas, así que las despedidas fueron en cascada: un grupo hacia una puerta, otro hacia otra, abrazos breves, promesas de volver a vernos y el clásico “avisad cuando lleguéis a casa”.

Yo formaba parte del grupo más numeroso, siete personas, que regresábamos por la ruta tradicional de otros años, antes de la existencia de vuelo directo Madrid–Tegucigalpa (que este año han suprimido, esperemos que provisionalmente).

Tegucigalpa – Miami y después, toda la noche, Miami – Madrid.

Ultimo sol del horizonte antes de aterrizar en Miami.

El sábado se nos fue entre terminales, controles, cafés de aeropuerto, compra de regalos para la familia en el duty-free… y esa sensación extraña de estar a medio camino entre dos mundos: el que dejamos atrás en Honduras y el que nos espera en España.


Las maletas viajeras de Ana, Sergio y Héctor

Como incidencia destacable del regreso, hubo un detalle “logístico” que no podemos dejar fuera de esta crónica: las maletas de tres compañeros no llegaron a Madrid.

Concretamente, en la ruta de Ana, Sergio y Héctor, los equipajes decidieron hacer turismo por su cuenta. Ellos llegaron bien, que es lo importante, pero las maletas se quedaron en algún punto del camino. Tuvieron que hacer la reclamación correspondiente en el aeropuerto y ahora solo nos queda esperar que aparezcan en algún sitio y pronto vuelvan a sus dueños.

Forman parte también de estas historias de viaje: a veces volvemos todos… pero las maletas tardan un poco más.


Domingo: llegar a Madrid, llegar a casa

El domingo 30 de noviembre amanecimos ya en España. Aterrizamos en Madrid y comenzó la última etapa: algunos tomaron vuelos internos, otros trenes, otros coche particular hasta su ciudad.

El grupo de WhatsApp se fue llenando de mensajes a lo largo del día: “ya en Valencia”, “nosotros también en Linares, ya», «ya en casa”, “todo bien, con la familia.”

Esa cadena de avisos es, en realidad, el cierre emocional de la brigada: comprobar que todos hemos llegado bien y que cada uno vuelve al calor de los suyos.


Lo que dejamos allí, lo que nos traemos aquí

Con el domingo ya avanzado, podemos decir que la Brigada Honduras 2025 ha terminado. Hemos vuelto cansados, sí, pero con una sensación que se repite cada año: es mucho más lo que recibimos que lo que damos.

Para muchos de los pacientes intervenidos, esto no acaba con nuestra marcha. Les queda ahora el periodo de recuperación, las revisiones, el seguimiento. Y ahí el papel protagonista pasa al equipo local: médicos, enfermeras, auxiliares y equipo de administración que organiza citas, agendas y futuras brigadas.

Su labor, silenciosa y constante, es un aporte fundamental en la salud de la comunidad hondureña.

Nuestro agradecimiento especial va, un año más, al Dr. Merlin Omar Antúnez Vázquez y a todo su equipo. Su forma de trabajar y de acompañar hace que todo tenga más sentido.


Volver a la rutina… y volver al abrazo

Mañana retomamos nuestra actividad habitual en las clínicas. El trabajo será el mismo, pero cambia todo lo que lo rodea: la sala de espera, las tareas acumuladas, las calles al salir, el clima diferente, el huso horario.

Dejamos atrás una rutina vivida durante una semana en la otra parte del mundo y entramos de nuevo en la rutina de casa. Pero no volvemos igual: volvemos con la experiencia a cuestas y el corazón lleno.

Y queda, por encima de todo, ese momento que no se olvida: cruzar la puerta de casa y ser recibido por la familia Abrazar a los tuyos, saber que vuelves sano después de una semana lejos, escuchar el “¿todo bien?” cargado de preocupación, orgullo y cariño. Ahí, en ese abrazo de domingo, es donde todo encaja: los madrugones, el cansancio, las horas en quirófano, los vuelos eternos, las despedidas… y hasta las maletas perdidas.

La brigada termina en el calendario, pero lo que nos llevamos dentro seguirá acompañándonos mucho tiempo.

Agradecimientos:

No podemos acabar esta bitácora sin agradecer a todas las organizaciones, instituciones y empresas que colaboran de distintas maneras para que esto sea posible:

Y a todos los que de forma anónima participan con sus aportaciones con nuestra organización: !MUCHAS GRACIAS DE PARTE DE TODO EL EQUIPO¡

Participamos en esta «Brigada Honduras 2025»:

Aeropuerto de Palmenrola Foto de grupo fin de brigada: de izquierda a derecha: Sergio, Antonio, Javier, Francesc, Eladio, Agustín, Tino y Héctor. Abajo: Manuel, Ana, Ana R, y Neus.
  • Ana Belen Calcerrada.
  • Ana Rentero.
  • Neus Aparicio.
  • Tino Chisbert.
  • Eladio M. Garzón.
  • Francesc Soriano.
  • Sergio Miralles.
  • Javier Pascual.
  • Carlos Arcas.
  • Hector Martínez.
  • Manuel Leal.
  • Antonio González
  • Agustín Llamas.

Me gustaría terminar esta bitácora con una pequeña despedida en primera persona.

Gracias de corazón a todos los que habéis leído estas líneas, a los que me habéis hecho llegar vuestro cariño y vuestro agradecimiento por haber dedicado un rato cada día a escribirlas. El tiempo que he invertido en este diario ha estado más que bien empleado si, al otro lado, ha servido para acercaros un poco a lo que vivimos aquí.

El objetivo nunca fue otro que daros a conocer nuestro trabajo y haceros partícipes, casi en directo, del día a día de la brigada: los quirófanos, la clínica, los trayectos en furgoneta, las risas, el cansancio y también las emociones que no siempre se ven en las fotos. Desde una mirada muy humana, sencilla, honesta.

Y, por supuesto, este diario también iba dedicado a nuestras familias, que nos prestan durante unos días y se quedan lejos, preguntándose en qué andaremos metidos tan lejos de casa. Ojalá estas páginas hayan servido para que pudierais saber un poco mejor en qué empleábamos cada jornada, qué personas se han cruzado en nuestro camino y por qué merece la pena cada minuto de esfuerzo.

Si algo deseo al cerrar esta edición de la bitácora es que, al leerla, os hayáis sentido aquí un poquito con nosotros. Gracias por acompañarnos, por vuestro apoyo y por seguir creyendo en este proyecto.

Nos leemos en la próxima brigada... o no.

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