Día 8. Regresar con la sensación de haber empezado algo

Sábado, 4 de julio de 2026

Nuestro último día en Guatemala comenzó muy temprano.

Después de todo lo vivido durante la semana, los tres compañeros que todavía permanecíamos en Antigua Guatemala —Javier Pascual, Sergio Miralles y Agustín Llamas— salimos a las seis y cuarto de la mañana en dirección a Ciudad de Guatemala. Allí nos reuniríamos de nuevo con el resto del equipo para participar en la segunda jornada del curso de cirugía ungueal.

El curso reunió a médicos de distintas especialidades, entre ellos dermatólogos y otros profesionales interesados en conocer técnicas de cirugía ungueal en directo. Algunos de los asistentes nos comentaron que era la primera vez que podían ver estos procedimientos realizados sobre pacientes reales, ya que en otros cursos los habían practicado únicamente sobre simuladores de plástico.

Y, evidentemente, no es lo mismo.

Cirugía ungueal en directo

Ver una técnica en directo permite comprender mejor los gestos, los tiempos, las dificultades y los pequeños detalles que no siempre pueden explicarse en una presentación. Por eso la jornada fue especialmente enriquecedora, no solo para quienes asistían, sino también para nosotros, que pudimos compartir una parte muy concreta de nuestra experiencia profesional.

Francesc Soriano, presidente de PSF, (ya de alta) agradeciendo el apoyo de los participantes al curso.

Tras finalizar el curso, realizar las técnicas quirúrgicas previstas y hacer las fotografías de rigor, llegó el momento de cerrar la semana.

El equipo de PSF junto con algunos de los asistentes al Curso de Cirugía Ungueal.

Llegamos a Guatemala siendo desconocidos para ellas y, sin embargo, desde el primer momento nos ofrecieron ayuda, tiempo y una capacidad de gestión que ha sido fundamental para que esta expedición saliera adelante.

De izquierda a derecha: Francesc, Héctor, Eladio, Marta, Alicia, Vivian, Javier, Alejandrina, Agustín y Sergio

Marta Gárate, Vivian Tecú y Alejandrina nos acompañaron al Aeropuerto Internacional La Aurora. Allí pudimos despedirnos de ellas y agradecerles sinceramente todo lo que han hecho por nosotros durante estos días.

Marta nos ha acompañado en la organización diaria, resolviendo dificultades, facilitando desplazamientos, contactos y necesidades prácticas. La doctora Vivian Tecú ha sido clave en la organización del curso. Alejandrina también nos ha brindado su apoyo en momentos importantes de la semana. A las tres queremos dedicarles un agradecimiento especial. Porque cuando hay calidad humana, generosidad y verdadero deseo de ayudar, muchas dificultades encuentran solución. Y ellas han sido una parte esencial de esta primera experiencia de Podología Sin Fronteras en Guatemala.

Después llegó el viaje de regreso.

Volamos con Iberia, en el vuelo IB222, desde el Aeropuerto Internacional La Aurora hacia Madrid, con escala en San Salvador. Allí bajamos del avión durante la parada y nos sorprendieron las instalaciones del aeropuerto, modernas, amplias y muy cuidadas, antes de volver a subir al mismo avión para cruzar el Atlántico.

Tras más de trece horas de viaje, aterrizamos en Madrid el domingo por la tarde. Y entonces comenzó la última etapa, quizá la menos épica, pero también muy reconocible: prisas por llegar a Chamartín para coger un tren, compañeros que se quedaban a recoger las últimas maletas, despedidas rápidas y cada uno rumbo a su casa.

En estos viajes hay un momento que ya se ha convertido casi en tradición.

Horas después, el grupo de WhatsApp empieza a llenarse de mensajes: “ya en casa”, “todo bien”, “gracias por estos días”, “un abrazo, chicos”. A veces llegan también fotos con la familia, con los hijos, con la vida cotidiana esperando al otro lado del viaje.

Es la despedida silenciosa de un grupo que se quiere, que trabaja bien junto y que sabe que lo vivido no termina realmente al aterrizar.

Guatemala ha sido una primera toma de contacto, pero no ha sido una visita cualquiera. Hemos operado, hemos enseñado, hemos aprendido, nos hemos adaptado a los imprevistos y hemos conocido a profesionales y personas que nos han recibido con una generosidad enorme.

Nos vamos cansados, agradecidos y con la sensación de que aquí no se ha cerrado una historia, sino que quizá acaba de empezar.

Ahora toca volver a casa, recuperar fuerzas y guardar en la memoria todo lo vivido.

Y si todo va bien, a finales de año, el 21 de noviembre, volveremos de nuevo a Honduras.

Porque Podología Sin Fronteras sigue caminando.

Y nosotros, mientras podamos, seguiremos caminando con ella.

Gracias a todos.

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