Día 3. Cuando la voluntad consigue que todo sea posible

Lunes, 29 de junio de 2026

Hoy ha comenzado realmente la actividad quirúrgica de Podología Sin Fronteras en Guatemala.
Ayer os contamos que por la mañana llevamos al hospital todo el instrumental traído desde España, junto con el material donado por las casas comerciales que apoyan este proyecto, especialmente Herbitas y Darco.

Antes de las siete de la mañana, los siete integrantes del equipo ya habíamos desayunado y nos encontrábamos en el Hospital Pedro de Bethancourt, preparados para afrontar nuestro primer día de quirófano.

Llegar a un hospital de otro país obliga inevitablemente a mirar, comparar y reflexionar.
Desde nuestra mentalidad occidental y desde los medios sanitarios de los que disponemos en España, resulta difícil no percibir las diferencias. Vemos un edificio que acusa el paso del tiempo, el uso constante y la escasez de recursos. Esa realidad nos recuerda la situación privilegiada que tenemos y la necesidad de protegerla, pero también la responsabilidad de ayudar, cada uno en la medida de sus posibilidades, a quienes cuentan con menos medios.
Allí donde faltan recursos, sin embargo, encontramos personas llenas de voluntad.

Desde el primer momento sentimos la ayuda del personal del hospital y, especialmente, del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Siempre atentos, diligentes y dispuestos a buscar una solución ante cada dificultad.
En todas las expediciones sanitarias, el primer día quirúrgico suele ser el más complicado. En esta ocasión, además, todo era nuevo: el hospital, el país, las costumbres y los equipos humanos. A ello se añadía que era día de asueto en Guatemala, por lo que servicios como el de esterilización disponían de menos personal.

Y, como suele ocurrir en cualquier quirófano, siempre faltaba algo: una pinza concreta, una pieza del motor o algún instrumento imprescindible para una determinada intervención. Esto dificultaba optimizar los tiempos y obligaba a reorganizar continuamente el trabajo.
Pero la buena voluntad de todos hizo posible que los problemas fueran resolviéndose.
Los profesionales guatemaltecos aportaron su conocimiento del hospital y de los medios disponibles. Nosotros intentamos adaptarnos, compartir instrumental entre los distintos quirófanos y ayudarnos unos a otros cuando surgía alguna complicación. Poco a poco, comenzamos a trabajar como un solo equipo.

A lo largo de la jornada pudimos completar todas las cirugías previstas y continuamos valorando nuevos pacientes para organizar el programa del resto de la semana. Detrás de cada intervención había una persona que llevaba mucho tiempo conviviendo con dolor, deformidad o limitaciones importantes. Esa confianza depositada en nosotros se siente de una manera especial cuando se trabaja lejos de casa.
Al final del día regresamos cansados, pero satisfechos.
Como es habitual en estas expediciones, nos sentamos juntos para comentar los casos y compartir las impresiones de la jornada. Mientras hablábamos, el Servicio de Traumatología continuaba enviándonos las radiografías postoperatorias de los pacientes. Poco a poco fuimos confirmando que todos los casos habían evolucionado satisfactoriamente durante las primeras horas.
Entonces llegó el momento de relajarnos.
Compartimos una cerveza, algunas anécdotas, sonrisas y esa sensación de alivio que aparece después de una jornada exigente. No celebrábamos el número de operaciones realizadas, sino haber superado juntos las dificultades, que los pacientes se encontraran bien y que la armonía entre nosotros estuviera haciendo posible el trabajo.
Nada de lo conseguido hoy habría sido posible sin el personal del Hospital Pedro de Bethancourt, sin los compañeros guatemaltecos que nos han abierto las puertas y sin las casas comerciales y personas que han colaborado desde España.

A veces, donar un instrumento o ayudar con un material puede parecer un gesto pequeño. Pero cuando ese instrumento permite completar una cirugía, el gesto adquiere un significado enorme.
Hoy hemos operado a nuestros primeros pacientes en Guatemala.
Mañana volveremos al hospital con algo más de experiencia, una organización mejor ajustada y la misma ilusión con la que comenzamos este viaje.
No hemos venido únicamente a realizar cirugías.
Hemos venido a compartir lo que sabemos, a aprender de quienes nos han recibido y a comprobar que, cuando existe voluntad de ayudar, incluso las dificultades más grandes pueden encontrar una solución.

Y mañana más…

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