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Día 2. Conocer antes de intervenir

Podología Sin Fronteras – Antigua Guatemala 2026

Domingo, 28 de junio de 2026

Nuestro primer despertar en Guatemala llegó bastante antes de lo previsto.

Alrededor de las tres y media de la madrugada, casi todos estábamos ya con los ojos abiertos. Las ocho horas de diferencia entre la península ibérica y Guatemala comenzaron a hacer su trabajo y nuestros cuerpos, todavía anclados en el horario español, decidieron que la noche había terminado mucho antes de que amaneciera.

De izquierda a derecha: Eladio Mtnez. Garzón, Sergio Miralles, Héctor Martínez, Francesc Soriano. Alicia Gavillero, Javier Pascual y Agustín Llamas.

Tampoco ayudaron demasiado los continuos cohetes, petardos y fuegos de artificio que se escuchaban en las inmediaciones de nuestro alojamiento. Nos encontramos a pocos metros de la iglesia de San Felipe de Jesús y hoy se celebraba en esta comunidad el Corpus Christi, una festividad que aquí se vive con una intensidad especial. La pirotecnia acompañó buena parte de la madrugada y, aunque no contribuyó precisamente a recuperar las horas de sueño perdidas, sí nos recordó desde el primer momento que habíamos llegado a una tierra en la que la fe, las tradiciones y la celebración forman parte de la vida cotidiana y se expresan abiertamente en sus calles.

Después de este madrugador comienzo, nos preparamos para afrontar el verdadero cometido de la jornada: establecer el primer contacto con el personal del equipo de Traumatología y Ortopedia del Hospital Pedro de Bethancourt y valorar a los pacientes que podrían ser intervenidos durante los próximos días.

Cuando llegamos al hospital, muchos de ellos ya se encontraban ingresados o habían sido citados expresamente para esta primera consulta. El recibimiento por parte del personal sanitario fue muy cordial. Desde el primer momento percibimos su disposición para colaborar, facilitarnos el trabajo y compartir con nosotros toda la información necesaria. Queremos agradecer especialmente esa acogida, porque en una iniciativa como esta la confianza y la cooperación con los profesionales locales son tan importantes como la propia actividad quirúrgica.

Eladio preparando y distribuyendo el instrumental.

No hemos venido a Guatemala a trabajar de espaldas a su sistema sanitario ni a imponer nuestra forma de hacer las cosas. Hemos venido a sumar, a escuchar y a colaborar con quienes conocen a los pacientes, sus circunstancias y las posibilidades reales de seguimiento una vez que nosotros regresemos a España.

Para agilizar las valoraciones, dividimos el equipo en dos grupos y habilitamos dos áreas de consulta. Uno de ellos se encargó fundamentalmente de los pacientes con patologías de antepié, mientras que el otro se centró en los casos que afectaban al retropié.

La valoración previa a una cirugía no consiste únicamente en observar una deformidad y decidir cómo corregirla. Antes de proponer cualquier intervención hay que conocer a la persona que tenemos delante, escuchar qué le ocurre, comprender cómo condiciona su vida diaria y estudiar cuidadosamente las distintas alternativas.

En este contexto, además, la decisión no puede limitarse a cuál sería la técnica ideal sobre el papel. Debemos tener en cuenta la situación clínica y social de cada paciente, sus posibilidades de recuperación, el apoyo familiar del que dispone, las condiciones en las que podrá realizar el postoperatorio y los recursos sanitarios a los que tendrá acceso después de nuestra marcha.

Cada caso exige encontrar un equilibrio entre lo técnicamente posible y lo verdaderamente adecuado para esa persona.

Durante toda la mañana fuimos conociendo pacientes, revisando pruebas, explorando deformidades, compartiendo opiniones y decidiendo qué alternativa podía ofrecer el mejor resultado en cada situación. Nuestro objetivo era valorar al mayor número posible de personas y comenzar a elaborar un programa quirúrgico realista para toda la semana.

El hospital ha puesto a nuestra disposición tres quirófanos, lo que representa una oportunidad extraordinaria, pero también una importante responsabilidad. Disponer de varios espacios quirúrgicos permitirá trabajar simultáneamente y atender a un mayor número de pacientes, aunque para hacerlo con seguridad será necesario mantener una coordinación constante entre todos los equipos.

Una vez terminadas las consultas, trasladamos al hospital todo el material quirúrgico que habíamos traído desde España. Las cajas y maletas fueron abiertas, revisadas y distribuidas para que el equipo de esterilización pudiera preparar el instrumental necesario para las intervenciones del día siguiente.

Fue uno de esos momentos en los que se comprende que una campaña sanitaria comienza mucho antes de que el primer paciente entre en quirófano. Detrás de cada operación hay muchas horas de preparación, selección de material, transporte, inventario, esterilización y organización. Hay también muchas personas que trabajan sin aparecer en las fotografías, pero cuya labor resulta imprescindible para que todo pueda llevarse a cabo.

Finalizada la actividad hospitalaria, dispusimos de unas horas libres, probablemente las únicas que tendremos durante esta intensa semana. Aprovechamos para comer juntos y acercarnos un poco más a la ciudad que nos va a acoger durante estos días.

Antigua Guatemala impresiona desde el primer paseo. Sus calles empedradas, sus fachadas de colores, sus patios, sus iglesias y las ruinas de antiguos conventos conservan las huellas de una historia extraordinaria. La ciudad fue durante siglos uno de los grandes centros políticos, religiosos y culturales de la América hispana y ejerció como capital de la Capitanía General de Guatemala hasta que los terremotos de 1773 provocaron el traslado de la capital.

Sin embargo, Antigua nunca desapareció por completo. Sus habitantes permanecieron ligados a ella y la ciudad fue reconstruyéndose alrededor de sus monumentos, sus ruinas y su trazado original. Hoy, pasear por sus calles permite contemplar la convivencia entre pasado y presente: junto a los antiguos edificios coloniales aparecen pequeños comercios, restaurantes, mercados, visitantes de numerosos países y una vida local que continúa desarrollándose bajo la presencia constante de los volcanes.

Es una ciudad de una enorme belleza, pero también una ciudad viva. Su atractivo no reside únicamente en sus monumentos, sino en los detalles: una puerta entreabierta que deja ver un patio interior, una fachada desgastada por el tiempo, una procesión que atraviesa una calle, el sonido de las campanas o la silueta de una iglesia al final de una calzada empedrada.

En sus plazas y edificios se reconoce con facilidad la profunda huella hispánica que forma parte de su origen. Recorrer Antigua invita a pensar en la magnitud de aquella historia compartida y en los vínculos culturales, humanos y espirituales que, pese a la distancia y al paso de los siglos, continúan uniendo a nuestros pueblos.

Durante este pequeño recorrido estuvimos acompañados por Vivian Tecú (cirujana ortopédica) y Marta Gárate (enfermera) y Alejandrina Sosa (nutricionista). Ellas nos sirvieron de guías y nos ayudaron a comprender mejor lo que veíamos, no solamente desde el punto de vista turístico, sino también desde la mirada de quienes conocen y viven esta tierra.

Mientras una parte del grupo recorría la ciudad, algunos compañeros aprovecharon para realizar una compra y abastecer la casa con lo necesario para preparar los desayunos durante los próximos días. Son aspectos aparentemente pequeños, pero imprescindibles cuando siete personas comparten alojamiento y saben que las jornadas que se aproximan comenzarán muy temprano y terminarán probablemente bastante tarde.

Al regresar, volvimos a reunirnos todos para hacer una puesta en común de los casos valorados durante la mañana. Cada integrante del equipo había ido tomando datos, anotando observaciones y preparando las intervenciones que podían corresponderle.

Revisamos nuevamente los diagnósticos, las indicaciones, las técnicas propuestas y la distribución de los profesionales en los tres quirófanos. Los compañeros que trabajarán juntos comenzaron a coordinar cada procedimiento con el propósito de ser lo más resolutivos y eficientes posible, sin perder nunca de vista que la rapidez solo tiene valor cuando va acompañada de seguridad, planificación y respeto por el paciente.

Al terminar el día, todo estaba preparado para el comienzo de la actividad quirúrgica.

El instrumental se encontraba en proceso de esterilización. Los pacientes habían sido valorados. Los equipos estaban distribuidos. Las primeras intervenciones estaban planificadas. Y la ilusión, después de tantos meses de preparativos y de tantas horas de viaje, se encontraba en sus niveles máximos.

Nada de lo que comenzaremos mañana sería posible sin el esfuerzo de muchas personas. Queremos agradecer a las entidades y casas comerciales (Laboratorios Herbitas, Darco, ONG Mano a Mano (Iberia), Osteonek, Fundación NPH), Meddd, que han aportado material, a quienes han colaborado con nosotros desde España, a los profesionales guatemaltecos que nos han abierto las puertas del hospital y a todas las personas que durante estos días van a dedicarnos su tiempo y su ayuda.

Cada caja de material y cada instrumento que hemos conseguido traer representa la generosidad de alguien que ha decidido formar parte de este proyecto, aunque no haya podido viajar con nosotros.

Ahora solo deseamos estar a la altura de esa confianza.

Nuestro objetivo no es que se hable de quienes hemos venido, sino que los pacientes guatemaltecos puedan beneficiarse de este esfuerzo común. Que una persona pueda caminar con menos dolor, recuperar parte de su autonomía o afrontar su futuro con una limitación menos será la verdadera medida del trabajo realizado.

Mañana se abrirán las puertas de los quirófanos y comenzará la parte más intensa de esta aventura.

Esta noche intentaremos dormir algo más. Aunque, entre el desfase horario, los nervios y la ilusión, nadie puede asegurarlo.

Mañana más, seguiremos informando…

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