Día 5. La seguridad manda
Miércoles, 1 de julio de 2026
Día 5. La seguridad manda
Tercer día de quirófano.
Las cosas comienzan a agilizarse. Ya conocemos los espacios, sabemos a quién pedir o dónde buscar el material y la coordinación con el personal del Hospital Pedro de Bethancourt es cada vez más natural. Aun así, una jornada quirúrgica nunca se desarrolla exactamente como estaba prevista.
Algunos pacientes tuvieron que ser retirados del programa porque las pruebas preoperatorias o la valoración de Medicina Interna desaconsejaban intervenirlos en ese momento. Se intentará estabilizar a quienes puedan ser operados durante los días que todavía nos quedan. Para otros, desgraciadamente, tendrá que haber una próxima ocasión.

Nos gustaría poder atenderlos a todos, pero hay una norma que está por encima de cualquier deseo de ayudar: la seguridad del paciente manda siempre.
También empezamos a formar parte, aunque solo sea durante unos días, de la vida cotidiana del hospital. Cada vez reconocemos más caras y, prácticamente por cualquier lugar por el que pasamos, alguien nos pregunta si somos los españoles que han venido para «la jornada», que es como aquí denominan esta semana de actividad quirúrgica.
La respuesta de la población ha superado todas las previsiones. Aunque el programa de los tres quirófanos ya está completo hasta el final de nuestra estancia, siguen llegando personas que desean ser valoradas. Nos resulta difícil explicarles que ya no queda tiempo material para incluir nuevas intervenciones.
Tendrán que esperar a una segunda jornada, siempre que las condiciones lo permitan, que el personal del hospital considere útil nuestro regreso y que Podología Sin Fronteras pueda volver a reunir los medios necesarios. Nos marcharemos sabiendo que todavía quedan muchas personas esperando una oportunidad y, posiblemente, ese sea uno de los motivos más importantes para intentar regresar.
La actividad quirúrgica transcurrió sin incidentes relevantes. Cada equipo fue completando sus intervenciones y, poco a poco, el día avanzó entre quirófanos, radiografías, instrumental y decisiones compartidas.

Pero por encima de los procedimientos y de los resultados técnicos, hubo una imagen que difícilmente podremos olvidar: la lágrima de una madre al contemplar la fotografía del pie de su hija después de la intervención.
En una sola lágrima cabían muchos años de preocupación, esperanza y espera. También estaba contenido el verdadero sentido de nuestra presencia aquí. En momentos así comprendemos que para nosotros puede ser una cirugía más dentro de una semana intensa, pero para una familia puede representar un cambio enorme en la vida de alguien a quien quiere.

Al finalizar la jornada regresamos a la casa, nos dimos una ducha rápida y salimos a compartir una cerveza en Cervecería 14.
La iniciativa había partido del propio personal del hospital y a aquel encuentro acudieron la mayoría de los residentes del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Después de varios días trabajando juntos en los quirófanos, tuvimos la oportunidad de conocernos también fuera del entorno hospitalario, conversar con más calma y compartir experiencias personales y profesionales.

Fue un verdadero momento de hermandad entre España y Guatemala. Una reunión sencilla, alrededor de una cerveza, pero llena de significado: profesionales de dos países unidos por la medicina, el deseo de ayudar y la amistad que empieza a construirse cuando se trabaja codo con codo por un mismo objetivo.
El lugar nos regaló, además, uno de esos atardeceres que parecen preparados para detener el tiempo. Desde allí contemplamos los volcanes que rodean Antigua mientras el cielo iba perdiendo lentamente su luz. Cuando llegó la noche, pudimos distinguir en la distancia la luminosidad rojiza de la lava.



El paisaje, la temperatura primaveral y la compañía hicieron que entendiéramos perfectamente por qué Guatemala es conocida como el país de la eterna primavera.
Después de tantas horas en el hospital, aquel momento nos permitió respirar y disfrutar de la convivencia entre quienes, aunque procedemos de lugares diferentes, comenzamos a sentirnos parte de un mismo equipo.
No hacen falta grandes celebraciones. A veces basta una cerveza, un atardecer frente a los volcanes y una conversación entre amigos para descubrir que la cooperación también se construye en estos pequeños momentos.
Después, vuelta a casa y a descansar.
La semana avanza rápidamente. El programa quirúrgico está completo, seguimos encontrando personas a las que nos gustaría ayudar y cada día Guatemala nos ofrece una razón más para pensar que esta primera visita no debería ser la última.
Mañana volveremos al hospital.
Todavía queda mucho por hacer.
